¿Se acabó la guachafita?

Desde luego es grave que un país llegue al extremo de tener que sacar Ejército a patrullar las ciudades.

Maria Isabel Rueda

Maria Isabel Rueda

Desde luego es grave que un país llegue al extremo de tener que sacar Ejército a patrullar ciudades.

Como muchos colombianos, sentí un alivio al escuchar la alocución presidencial del viernes por la mañana en la que daba por terminada esta guachafita. Una cosa es que el campo colombiano requiera una reingeniería urgente. Y otra bien distinta, que al Presidente le estuvieran midiendo el aceite desde La Habana y que quedara la sensación de que él se estaba dejando.

Por fin lo oímos hablar en voz alta. En tono bravo. Con autoridad. Preocupado por la forma como el paro terminó saliéndosele de las manos al Gobierno. Dispuesto a enderezar el orden. O, como me llamó mi hermana a decirme, “¡al fin veo caracterizado al Presidente!”.

Desde luego es grave que un país llegue al extremo de tener que sacar al Ejército a patrullar las ciudades. Se corren riesgos cuando una fuerza que no está diseñada para cuidar las calles termina en eso. Pero el presidente Santos no se podía permitir el lujo de que se repitiera al día siguiente el caos de Bogotá, ni que, en medio del desorden, un paro se conectara con el otro, y con el otro, y con el otro, y así durante meses, ni que continuaran bloqueadas las vías del país, porque eso había pasado de la democracia a la anarquía.

A lo largo de estos tres años de gobierno, el Presidente nos ha tenido acostumbrados a una personalidad imperturbable.

Si uno es crítico del Gobierno, como hoy lo son no solo los campesinos, sino muchos empresarios e industriales, lo considera un defecto grave de su personalidad. Ve en él a un Presidente frío, impávido, lejano, impasible y casi indiferente ante los altibajos del país. Tan cariparejo ante las cosas que salen bien, como ante las que salen mal.

Todo lo contrario de Álvaro Uribe, al que en las crisis se le volaba de inmediato el ánimo. Comenzaban a bailarle los ojos en sus órbitas, se despeinaba, arrancaba a tomar goticas, regañaba a todos sus ministros y se defendía con un altoparlante, encaramado en un puente, en medio de revueltas que le gritaban palabrotas.

Juan Manuel Santos no es así. Y eso, al contrario de un defecto, puede ser considerado una cualidad. Toda esa imperturbabilidad, inalterabilidad, estoicismo, impasibilidad a las que nos tiene acostumbrados debería ser garantía de que gobierna en forma equilibrada y ecuánime ante los acontecimientos.

Solo que esa personalidad corre el riesgo de que, en momentos de gran crisis, uno no vea Presidente a bordo. Y eso lo agrava otro rasgo de su personalidad: Santos ha demostrado ser capaz de cambiar de posición en cuestión de horas. Trae a los negociadores de La Habana y al momento los devuelve. Levanta a los ministros de la mesa campesina y al ratico los vuelve a sentar. Dice que no negociará mientras subsistan los bloqueos y negocia. Declara que no hay ningún paro agrario y al otro día reconoce que sí.

Si esos cambios de opinión tan veloces ocurren por su carácter conciliador y liberal, es bueno. Pero si es por inseguridad y falta de claridad sobre el camino que ha de seguirse, es pésimo. El problema de ese estilo presidencial es que tiene a mucha gente preguntándose si es lo primero o es lo segundo.

Ello ha ido desperfilando la imagen del Presidente que elegimos. Muchos votamos por un gerente, pero, así sea injustamente, el país pocas veces había parecido tan desgerenciado. Votamos por un mandatario que amigablemente se haría respetar en el vecindario, pero no al punto de que Nicaragua nos tragara vivos. Votamos por un Presidente con el carácter de negociar la paz con las Farc, pero a veces parece aterrado con su propio invento.

Yo confío en este Presidente. Lo ideal es que, en las crisis, los colombianos no deseemos que Santos se parezca un poquito más a Uribe, sino que Santos se parezca más a Santos.

Cuando el río suena… Petro acusa al Gobierno de pagarles a los encapuchados para debilitar a los campesinos. ¿Por qué no revisa más bien si tanto desadaptado menor de edad está siguiendo sus pasos?

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