‘Mi vida es ser buen periodista, no un sobrino obsecuente’

Alejando Santos - Etica Periodistica

Alejando Santos – Etica Periodistica

Alejandro Santos, director de ‘Semana’, en entrevista con María Isabel Rueda.

¿A quién le va a dedicar el Moors Cabot?

A dos grandes periodistas que ya no están: Enrique Santos Castillo y Guillermo Cano. A mi abuelo, porque encarnó a plenitud la pasión y la vocación de un periodista en la efervescencia de una sala de redacción. Fue quizá el gran decano de todas las generaciones que hoy trabajan en los medios en Colombia. Y a Guillermo Cano, porque desde el periodismo fue el baluarte ético y moral de la sociedad. Él se atrevió a trazar una línea de lo que la sociedad no podía tolerar y por eso la mafia lo asesinó.

¿Se nos vino encima a los medios mas rápido de lo que pensábamos la crisis del papel?

Sí, los impresos están agonizando, pero el periodismo está más vivo que nunca.

¿Lo preocupa que la tendencia en el mundo para ese tránsito sea que los empresarios estén comprando los medios de comunicación?

A mí no me gusta la concentración de la información, pero no se puede satanizar que grupos económicos tengan medios de comunicación. Es la tendencia global. Y es, en el fondo, el capitalismo. Mientras los dueños de esos medios respeten la agenda periodística y el interés público, hasta es una ventaja que el periodismo tenga buen respaldo económico. Otro cantar es cuando los empresarios o los políticos utilizan los medios para defender sus intereses privados. Ahí muere la prensa.

Hablemos de cosas personales. ¿Ser un Santos imprime carácter?

Inevitablemente. Es un apellido que tiene una historia y una influencia en Colombia. Se heredan amores y odios. Hay que capotear lagartos y desactivar prejuicios. Lo importante es que lo que uno es como persona logre doblegar lo que uno representa como apellido, para bien o para mal.

¿Pero es que hay muchos Santos o es que conservan su poder luego de tantas generaciones?

Todo empezó cuando Eduardo Santos compró EL TIEMPO por 5.000 pesos. Desde ahí fue una familia dedicada a escribir, a opinar y a informar, al menos en el siglo XX. Hace unos 20 años, las cosas empezaron a cambiar cuando a Juan Manuel le ofrecen el Ministerio de Comercio Exterior y se dedica a la política. Ese día hubo un cisma familiar. Luego Uribe le ofrece a Pacho la Vicepresidencia. Y luego, mi familia decide vender EL TIEMPO, decisión con la cual estuve en desacuerdo. Hoy, tristemente, los Santos están más en la política que en el periodismo.

¿Era inevitable vender el periódico familiar?

Las nuevas generaciones tenían pocos vínculos con el periódico, se estaba atomizando la propiedad accionaria y es un negocio con un futuro incierto. Razones había. Pero yo creo que existían fórmulas distintas: salir a la bolsa, comprarles a quienes se querían salir, en fin. Hoy, siete años después, puede que haya sido un gran negocio vender, pero, para quienes nos corre tinta por las venas, se fue parte del alma de la familia.

Hoy se vive una pelea política encarnizada entre su tío Juan Manuel y su tío Francisco Santos. ¿Qué piensa?

Me da mucha tristeza. Es un espectáculo lamentable. Usted me preguntaba por el apellido: pues precisamente tenemos una gran responsabilidad con Colombia, y la primera es dar ejemplo. Un país que se ha matado durante 200 años por su intolerancia, por una cultura política maniqueísta, por no saber dialogar, espera de sus líderes un debate ideológico, respetuoso por la diferencia y las ideas contrarias. En dos palabras: sensatez y liderazgo. Y no el cruce de recriminaciones mutuas con rabia e inquina.

Su padre, Enrique, montó el proceso de paz con las Farc. Su tío, el Presidente, intenta sacarlo adelante. Y su tío Francisco, desbaratarlo…. ¿Cómo hacer periodismo independiente en medio de esta tenaza familiar?

Es una buena pregunta. Pero en el fondo basta con ser periodista. Ser leal a sus convicciones, tener el carácter para defenderlas, rodearse de los mejores periodistas, los más críticos e independientes, y estimular un debate intelectualmente honesto en la redacción. Semana es un trabajo colectivo de deliberación. Ese es el secreto de su éxito.

Buen periodismo también consiste en averiguar la verdad y contarla de primero. Con tanta fuente buena que usted tiene, ¿cómo hace para no aprovecharse?

Las cosas no son como lo aparentan. La gente piensa que tengo un vínculo cercano con el Gobierno. Y probablemente sea la relación más lejana. En tres años he ido dos veces a Palacio, nunca me he subido al avión presidencial y este año he hablado por teléfono con el Presidente dos veces porque no le gusta lo que publicamos. Y así debe ser.

Para nadie es un secreto que usted y su tío el Presidente se quieren mucho…

En este caso, el parentesco no quita lo valiente. A mí no me va a temblar el pulso para publicar cualquier cosa contra el Gobierno que deba ser conocida por el país.

Entonces, dígame: ¿el proceso de paz debe suspenderse durante las elecciones, debe continuar o debe terminar?

Cualquiera de los tres caminos es tortuoso, lleno de espinas. Una suspensión antecedida de un avance importante que refleje la real voluntad de las Farc sería el camino menos difícil. Si hemos esperado 50 años para acabar la guerra, bien podemos esperar seis meses para evitar la contaminación de las elecciones.

Qué es más difícil de manejar cuando tiene que dar este tipo de opinones: ¿el corazón de sobrino o el de periodista?

Lo único que le digo es que soy mucho mejor periodista que sobrino.

(Risas) ¿Y eso qué significa?

Que mi vida es ser buen periodista, no sobrino obsecuente. Que, además, resulta una figura algo patética.

¿Cree que por cuidar su independencia puede haber cometido algunas injusticias con el Gobierno?

Como colombiano, quiero que al Presidente, y a cualquier presidente, le vaya bien. Eso quiere decir que al país le va bien. Pero uno como periodista no es justo o injusto, sino que trata de buscar la verdad y publicarla. Y esa verdad puede tener un gran impacto. Lo importante es hacerlo con responsabilidad. Y rodearse bien. Ni los periodistas ni los columnistas de Semana son propiamente gobiernistas.

¿Mejor exagerar en la crítica que en la alabanza?

En periodismo, muchas veces los actos de justicia son antiperiodísticos, es cierto. Pero el periodismo no está para hacer justicia sino para buscar la verdad desde la sensibilidad de un criterio honesto a la hora de informar.

Pero el periodismo acusa, enjuicia y estigmatiza y muchas veces sacrifica la justicia por el espectáculo….

Yo no digo que el periodismo sea perfecto. Ni siquiera es objetivo. Es subjetivo. Semana asume su subjetividad, asume posiciones, tiene opiniones. Defiende causas como la ética pública y los valores democráticos, los derechos de los gays, está en contra de la fumigación, a favor del aborto, en contra de la reelección como institución.

Eso del periodismo objetivo es bastante farisaico…

Es cierto. Eso es lo que inculcan en las facultades de periodismo. Como si uno estuviera en un olimpo y ajeno a la realidad. Cuando se asumen posiciones subjetivas en el periodismo lo que se hace es un acto de transparencia con la sociedad. ¿Qué más subjetivo que escoger una portada o la primera página de un diario?

Si primero está el periodista que el sobrino, ¿categóricamente ‘Semana’ no es un medio gobiernista sino antigobiernista?

Tampoco. Es un medio que hace periodismo independiente. La relación entre el periodismo y los gobiernos es tensionante por naturaleza, porque los medios asumimos nuestro papel de contrapoder, y de eso se quejan todos los días los gobernantes: de que solo vemos lo malo. Lo que los gobiernos quieren de los medios es propaganda. Los medios hacemos periodismo, que se ejerce desde la condición del escepticismo frente al poder. Esa tensión es absolutamente sana para la democracia. Donde los medios ven denuncia o crítica, los gobernantes ven conspiración o persecución política.

Usted dice que no le da consejos al Presidente como sobrino. Dele por favor uno como periodista…

Que asuma su liderazgo como jefe de Estado desde la perspectiva de los símbolos. El país carece de símbolos. De referentes para creer y confiar. Para que la sociedad se cohesione alrededor de unos valores y unos propósitos comunes.

¿No se le hizo ya tarde para eso?

Nunca es tarde. El segundo consejo que le daría es que el arte de un gobernante es saber cuáles son sus pocas prioridades y asumirlas como propias.

¿Estaría de acuerdo con quienes dicen que este ha sido un buen gobierno con un mal resultado?

Lo que está quedando demostrado es que un presidente estadista y unos ministros tecnócratas y honestos no son suficientes para sacar a Colombia adelante.

¿Qué falta?

Colombia está viviendo una crisis del Estado. Su parálisis desborda a los gobiernos, por buenos que sean. El Estado tiene un problema estructural y ha sido incapaz de avanzar hacia una modernización del país. La democracia colombiana se ha convertido en una torre de Babel. Si no son las consultas previas, son las licencias ambientales o las tutelas y acciones populares o las ‘…ías’. Todo termina bloqueado y lleva a un segundo problema: la incapacidad de la cúpula del Estado y la clase dirigente de generar acuerdos fundamentales.

Acuerdos sobre lo fundamental, que llamaba Álvaro Gómez…

Todos estamos de acuerdo en ciertos temas. Queremos un país con infraestructura, con paz, con desarrollo sostenible, con menos pobreza. ¡Qué incapacidad para construir acuerdos alrededor de esas metas comunes! ¡Para generar consensos entre la clase dirigente! Y por eso el papel del Presidente es el de asumir un liderazgo aún mayor que en un país donde funcionan las instituciones.

La reelección no es buena para el país. ¿Sería capaz de sugerirle al Presidente que no repita?

No me siento con el derecho de pedirle eso. Hay unas reglas de juego. Lo único que espero es que los gobernantes las respeten.

Y si no fuera su tío, ¿sí se atrevería?

Yo estoy en contra de la reelección como institución. Por todo lo que significa la reelección en un país frágil como Colombia, con complejidades regionales, es muy difícil que un presidente no se reelija. Estamos padeciendo sus consecuencias y esto apenas está empezando. Lo que se viene va a ser peor. Será un proceso traumático, polarizante, doloroso, que ojalá nos lleve en un primer consenso a prohibir la reelección. Es preferible prolongar el período presidencial.

¿Prolongar por ejemplo a seis años el período de este presidente y, a cambio, acabar con la reelección?

Obviamente no de este presidente sino del que venga. No se pueden cambiar las reglas cuando uno está aspirando a la reelección, sino cuando está de salida y no quiere perpetuarse en el poder.

¿Y usted se siente totalmente salvado de las tentaciones políticas? A algunos no les extrañaría verlo algún día aspirando a la Presidencia….

Una de las cosas que he aprendido en los medios es que desde el periodismo no solo se tiene a veces mucho más poder que en la política, sino que se pueden cambiar más las cosas. Entonces, ¿para qué la política?

MARÍA ISABEL RUEDA

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