El ejemplo Petro. – María Isabel Rueda

Maria Isabel Rueda

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OPINIÓN .

Dominado por la tremenda arrogancia que lo caracteriza -condimentada por un poco de autismo-, Petro sumió a la ciudad en un caos los días 18, 19 y 20 de diciembre.

El alcalde Gustavo Francisco Petro Urrego tendrá que explicarle a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a donde ha llevado el caso de su destitución, “si esto se trata de un golpe contra un gobierno de izquierda, por un funcionario ideológicamente fachista”, cómo fue que el propio Petro votó para elegir a ese fachista. Y lo segundo: ¿si Petro ayudó a redactar la Constitución del 91, que faculta al Procurador a destituir a funcionarios públicos, incluso de elección popular, por qué supone que él es la excepción a la regla?

A Petro no lo están destituyendo por ser un alcalde de izquierda, sino por ser un chambón y atentar contra la legalidad. Cometió tres faltas gravísimas, advertidas en su momento por la Contraloría Distrital de Bogotá, por la Superintendencia de Servicios Públicos, por la Veedora distrital y el Veedor nacional. También se lo advirtieron en sendos debates el Consejo Distrital y en el Congreso. No oyó a nadie.

La primera ilegalidad fue permitir la celebración de contratos interadministrativos de la Uaesp con el Acueducto y con Aguas de Bogotá, en donde se invirtieron millonarias sumas, para que, a pesar de su nula experiencia, asumieran la prestación del servicio de aseo. El decreto limitaba ilegalmente el principio de libertad de empresa; y la tercera ilegalidad fue autorizar el uso de volquetas, prohibido por la ley por poner en grave peligro la salud pública y el medioambiente.

¿Para qué hizo Petro todo eso?

Con mentiras. Dizque para atender la orden de la Corte Constitucional de incluir a los recicladores, que no requería la estatización del sistema de basuras. Y contra la cartelización del aseo en Bogotá –como denomina a las empresas privadas– que estaban cobrando más por sus servicios. Cómo será de mentiroso, que ni los operadores privados fijan las tarifas, sino la CRA; y el excedente del cobro, en caso de que lo hubiera, entraba al Distrito a través de la Uaesp. Es decir, a la alcaldía. ¿No era más fácil que Petro les devolviera esos supuestos excedentes a los usuarios, en lugar de que hoy se atribuya la rebaja del servicio de aseo a su valentía, osadía y liderazgo?

Dominado por la tremenda arrogancia que lo caracteriza –condimentada por un poco de autismo–, Petro sumió a la ciudad en un caos los días 18, 19 y 20 de diciembre. Al cabo de los cuales tuvo que volver a contratar con los mismos mafiosos del aseo que tanto dice detestar. Y la nueva empresa que creó, responsable de un 50 % de la prestación del servicio, ni siquiera contaba con los compactadores, que empezaron a llegar gradualmente en el primer trimestre del 2013, mientras Aguas de Bogotá seguía contratando volquetas. Hoy, según la Procuraduría, esta nueva flota tiene un alto riesgo de perderse, por falta de experiencia y de conocimiento del nuevo operador público de aseo, falta de lubricación, lavado y buenas prácticas de operación. Sesenta y siete vehículos están inmovilizados por fallas en la suspensión, motor, caja, transmisión, frenos, dirección, diferencial. Y después dicen que una cosa es robar, y otra dejar que se pierda la plata.

¿Saben que me estoy poniendo del lado del nuevo embajador de los EE. UU., que dice que la destitución de Petro podría erosionar el proceso de paz con las Farc? Pero no por lo que él cree. Petro se ha convertido en un interesante ejemplo de cómo podrían comportarse en el futuro los reinsertados de las Farc cuando lleguen al Congreso, o los elijan gobernadores o alcaldes. Porque si se los va a obligar a cumplir con la Constitución y la ley, van a alegar que eso va contra la paz. Y si toca sancionarlos porque las violan, se van a atrincherar en la plaza de Bolívar con el argumento de que como son de izquierda los están sometiendo a un acto antidemocrático de corte fachistoide.

Como para quedarse pensando. ¿No?

Cuando el río suena… ¿Qué querrá decir Petro cuando propone una movilización popular “desatada”?

María Isabel Rueda

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