La piel de Zapa

daniel coronell

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Un asesinato está empezando a destapar la compleja red de corrupción que funciona en la Gobernación de Córdoba. Jairo Zapa, el director de regalías de la gobernación, quien manejaba más de 100 mil millones de pesos, desapareció a finales de marzo. Hace unas semanas un antiguo paramilitar llamado Joice Hernández confesó que lo había estrangulado, según él, porque la víctima tenía una relación con su novia. Todo indica que fue otro el motivo del homicidio.

El paramilitar reveló el lugar donde había enterrado a Zapa envuelto en un costal de lona. El cadáver estaba muy cerca de una finca del padre del gobernador de Córdoba Alejandro Lyons. Y digo una, porque coincidiendo con la gobernación de su hijo, una súbita racha de prosperidad le ha llegado al señor Lyons. Según los registros públicos, en mayo del año pasado compró cuatro fincas allí en Pueblo Nuevo, cerca de donde encontraron el cuerpo.

Más se demoraron en hallar los despojos mortales del doctor Zapa que el señor gobernador en salir a dar una explicación que nadie le estaba pidiendo: “Esto puede que haya sido una desafortunada coincidencia y no quisiera pensar que se trata de una manipulación perversa de alguien que intenta involucrar a mi familia en este lamentable episodio”.

Al margen de esa coincidencia, otras cosas raras han empezado a suceder desde la desaparición del director de regalías. Es como si alguien buscara desesperadamente alguna evidencia que hubiera dejado el difunto y que pudiera contribuir al esclarecimiento de su propia muerte.
Hace apenas dos semanas, cuatro hombres que se hicieron pasar por agentes del Gaula llegaron hasta la casa de los padres de Zapa. Los amarraron y amordazaron a ellos y a otras dos personas que los acompañaban y empezaron a esculcar cada rincón de la casa. Sólo se llevaron los celulares, nada más.
Días antes –cuando no habían encontrado el cadáver y no había certeza sobre los hechos- el contratista Jesús Henao, favorecido con jugosos negocios pagados con el dinero de las regalías, fue a visitar a la desconsolada esposa de Zapa y a sus cuatro pequeños hijos. A ella le dijo que quería entregarle 2 mil millones de pesos  “por si su esposo estaba muerto”. Le habló de múltiples “negocios” de contratación y mencionó en su conversación al Gobernador de Córdoba y a otros altos funcionarios. Preguntó por unos documentos y se despidió cuando la señora rechazó la generosa oferta.
Semanas después, el 8 de agosto, cuando ya el cuerpo estaba identificado, quien fue a la casa de la viuda fue el propio gobernador Alejandro Lyons. En su gentil visita de pésame, el señor gobernador manifestó su preocupación por la seguridad de la familia de Zapa. Sin embargo a la viuda le quedó la impresión de que el mandatario estaba más interesado en vigilarla que en cuidarla. Según ella, el gobernador insistió en la necesidad de instalar cámaras dentro de su casa “para protegerla”, ofrecimiento que ella declinó.
La viuda de Zapa se imagina que lo que están buscando los interesados es una especie de contabilidad que mostraría lo que los libros oficiales no dejan ver.
Para tranquilidad –o más bien para angustia- de sus incansables buscadores, los documentos sí existen.
Hay por ejemplo varios reveladores papeles, escritos en una letra que la viuda de Zapa reconoce como la de su difunto esposo, en los que se habla de negocios como “Agro Forestal”, “Turismo” y “Caña flecha” y se mencionan importantes sumas y porcentajes del negocio para “JH” y “JO”.
En otros, de color rosado, se mencionan una serie de obras con su costo asignado para “Pueblo Nuevo”.
Otros hablan del desembolso de regalías por el Banco Colpatria y menciona una serie de nombres al lado de unas cifras como “ $ 2.129’ ” “$ 11.000’ ”.
Algunas iniciales y nombres en los papeles coinciden con los del contratista Jesús Henao y los funcionarios Maximiliano García y Carlos Pérez, presos hoy como sospechosos del crimen.
La investigación ha ido avanzando notablemente, pero no ascendiendo. Hasta ahora la justicia no le ha preguntado al señor gobernador Lyons si tiene alguna información de lo que sucedió y de lo que sigue pasando.

Nueva York. ¿Por qué hablamos con Hillary Clinton? ¿Por qué esa obsesión con todo lo que hace y dice?

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Por una sencilla razón. Porque en el 2016 podría convertirse en la primera presidenta de Estados Unidos. Por eso.

Su libro, Hard Choices (publicado como Decisiones Dificiles en español) se convirtió inmediatamente en un bestseller, aunque no con las ventas que se anticipaban por un adelanto de 13 millones de dólares. Pero no todo se mide en dinero. El libro sugiere el mismo camino que han seguido otros exitosos candidatos presidenciales: primero lo publican y luego anuncian la candidatura.

“No sé todavía si me voy a lanzar” me dijo. En cambio, la sentí muy emocionada por convertirse pronto en abuela. Su hija Chelsea dará a luz este otoño. Chelsea “es lo mejor de nosotros dos”, comentó, refiriéndose a ella y al ex presidente Bill Clinton.

Mi entrevista no tuvo nada de exclusiva. Unos 40 periodistas la entrevistaron antes que yo, como parte de una maratónica gira para promover la venta del libro. Sin embargo, rápidamente cruzamos la frontera.

Estábamos en el norte –donde alguna vez estuvieron las torres gemelas- pero Hillary Clinton estaba pensando en el sur; en los niños centroamericanos, en las pandillas de Honduras, en los muertos por el narcotráfico en México y en el fin del embargo a Cuba.

¿Qué haría ella con los casi 60 mil niños centroamericanos que han llegado a Estados Unidos en los últimos 9 meses? “Bueno, algunos de ellos deben ser deportados”, me dijo. Pero ¿no significaría eso una sentencia de muerte para muchos de ellos? “No creo que se puede decir eso con absoluta seguridad.”

La ex Secretaria de Estado (2009-2013) propone dos categorías: una de “niños refugiados”, a quienes se les daría asilo y protección; y dos, de “niños migrantes”, a quienes se les deportaría pero luego de recibir un trato humanitario y generoso. Ella también está a favor de identificar a esos “niños refugiados” en Honduras, El Salvador y Guatemala antes de que viajen a Estados Unidos y corran el riesgo de coyotes, violaciones, secuestros, robos y hasta la muerte.

Clinton, contraria a muchos políticos norteamericanos, se atrevió a decir en un discurso en México que “el tráfico de drogas también es un problema de Estados Unidos.” ¿Por qué hay tanto asesinatos y violencia de los carteles de las drogas en México? “Por el mercado de las drogas en Estados Unidos”, afirmó, “y creo que es importante decir esto.”

Su esposo, Bill Clinton, nunca pudo ir a Cuba como presidente. Cuando intentó un acercamiento con Fidel Castro, le derribaron dos avionetas del grupo Hermanos al Rescate. Pero Hillary cree que ya es tiempo de un cambio.

El embargo contra Cuba “ha sido un fracaso”, me dijo, “y ha beneficiado a los Castro porque ellos culpan de todo al embargo.” El fin del embargo sería solo el primer paso. “Quisiera ver una normalización de las relaciones”, explicó, “y algún día me gustaría ir a Cuba. Algún día, sí.”

Esta mujer que se define como una “feminista”“como alguien que cree en plenos derechos e igualdad entre mujeres y hombres”– es la principal interrogante de la política de Estados Unidos y del resto del mundo.

Una mujer –Hillary- en la Casa Blanca cambiaría muchas cosas. Y luego que nadie se diga sorprendido: el adelanto nos los está dando desde ahora.

Por Jorge Ramos Avalos.

¿Que hacemos con los niños?

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La crisis creada por miles de niños centroamericanos cruzando solos la frontera de México a Estados Unidos nos ha tomado a todos por sorpresa.

Las cifras son alarmantes. El año pasado fueron detenidos tras cruzar la frontera entre México y Estados Unidos unos 24 mil niños provenientes, sobre todo, de El Salvador, Honduras y Guatemala. Este año el gobierno de Obama calcula que serán más de 90 mil. ¿Por qué tantos?

Estos niños son, en realidad, refugiados. Huyen de la pobreza, de las pandillas y del crimen. Tegucigalpa, por ejemplo, es una de las ciudades con más asesinatos per capita en el mundo. Eso los expulsa de su país.

Pero no podemos olvidar, tampoco, que estos niños viven como huérfanos cuando, en realidad, no lo son. Están encargados con uno de los dos padres, con abuelos o familiares mientras papá y/o mamá prueban suerte en el norte. Y a la primera oportunidad, mandan por ellos o se van a querer ir solos.

Este es el caso de José Andrés, de 15 años, quien estaba encargado con sus abuelos en Honduras, luego que su madre -y único sostén- se fue a vivir a Miami hace un año.“Si usted no me ayuda”, le dijo a su mamá Marlen Mena por teléfono, “yo me voy a Estados Unidos con unos amigos.” Y se fué.

Conocí a Marlen, desesperada, luego de casi dos semanas sin saber de su hijo. Llegó a la entrevista que le hice por televisión con una foto de José Andrés. La acariciaba como si fuera su hijo. “Yo como madre le dije a mi hijo que no quería que pasara por lo mismo que otros niños están pasando.”Pero no le hizo caso.

Marlen, su hijo José Andrés y miles de familias centroamericanas saben algo que la Casa Blanca no quiere reconocer públicamente. “Esto es lo que se habla en centroamérica”, me confió Marlen, “que a los niños, a los menores de edad, no los deportan.” Es cierto.

Estados Unidos no deporta niños. Esa es la política extraoficial del presidente Barack Obama y de varios gobiernos que le precedieron. No está escrita en ningún lado pero los centroamericanos la dan por cierta. Por eso, en parte, ahora están llegando tantos niños.

El fracaso de las negociaciones para una reforma migratoria aceleró la urgencia de los inmigrantes centroamericanos para traer a sus niños a Estados Unidos, antes que la frontera se ponga más dura. Eso y el buen trato que el presidente ha dado a los Dreamers.

Esta crisis de los niños es una desafortunada consecuencia de las políticas migratorias del presidente Obama. Primero, al concentrar sus deportaciones en “criminales”quedó claro que no va a deportar niños o adolescentes. Segundo, al otorgar la protección de “acción diferida” (o DACA) a más de medio millón de Dreamers -o estudiantes indocumentados- queda la esperanza que seguirá tratando con la misma generosidad a menores de edad recién llegados. Y tercero, la realidad es que la mayoría de los 24 mil niños que fueron detenidos el año pasado no han sido deportados y, seguramente, tampoco serán deportados los 90 mil de este 2014. ¿Quién se va a atrever a separarlos, otra vez, de sus padres?

La única opción es lidiar con estos niños como si se tratara de una crisis humanitaria. Es el equivalente a la crisis del Mariel cuando llegaron en 1980 mas de 125 mil cubanos por mar. Ahora estos pequeños refugiados vienen a pie.

De hecho, es una nueva política de “piés secos, piés mojados” para niños centroamericanos. El menor que toca territorio de Estados Unidos casi seguro se queda, aunque lo pongan en un proceso de deportación. Por eso los niños ni siquiera se esconden. Cruzan la frontera y se entregan a los agentes de la Patrulla Fronteriza. ¿Qué juez va a enviar solo a un niño a San Salvador, Guatemala, Managua o San Pedro Sula si sus papás ya están en Estados Unidos?

Al final de cuentas hay que tratar a niños como niños: con compasión, con cuidado, sin meter la política. No podemos olvidar que estamos lidiando con niños hambrientos, perseguidos por la violencia, que acaban de culminar el recorrido más peligroso y traumático de su vida, y que lo único que quieren es estar con sus papás. Es decir, hay que tratar a estos niños como si fueran nuestros propios hijos.

Posdata. Marlen me avisó que ya pudo localizar a su niño, José Andrés. Cruzó México con un tío. Lo arrestaron en Texas y lo enviaron a un centro de detención en Chicago. Pronto espera reunirse con él en Miami.

Por Jorge Ramos Avalos.

Perder la misma guerra dos veces – Jorge Ramos

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La única manera de mantener unidos a sunitas, chiítas y kurdos en Irak ha sido por la fuerza. Así lo hizo el imperio otomano, luego los británicos a principios del siglo XX y posteriormente Saddam Hussein, como dictador, de 1979 hasta la invasión norteamericana en el 2003. Bush, literalmente, no sabía en qué se estaba metiendo.

Bush se inventó la guerra en Irak.

Ante el temor de otro ataque terrorista, como el del 11 de septiembre del 2001, Bush se inventó la guerra en Irak. La excusa era que Saddam tenía armas de destrucción masiva y que podría utilizarlas contra Estados Unidos. Fueron mentiras. El entonces secretario de estado, Colin Powell, quemó toda su credibilidad en un famoso discurso en Naciones Unidas, antes del ataque a Irak en marzo del 2003. Vendió humo y espejitos. El resultado es la tragedia que estamos viviendo ahora.

Entré a Irak por la frontera con Kuwait durante los primeros días de la guerra. Lejos de ser recibidos como liberadores, me tocó ver las caras resentidas de los iraquíes frente a las tropas estadounidenses. El resultado de la guerra que se inventó Bush está claro: más de 126 mil civiles iraquíes murieron (IraqBodyCount.orgy casi 4,500 soldados norteamericanos.

Así Estados Unidos perdió la guerra por primera vez. Todas esas muertes fueron en vano y por una razón equivocada.

El letrero de “Misión Cumplida” que apareció detrás del discurso del entonces presidente Bush en mayo del 2003 en el portaviones USS Abraham Lincoln –y su teátrico e innecesario aterrizaje en un avión de combate- es una de las mayores ridiculeces hechas por un presidente norteamericano en medio de una guerra. La mayor parte de las bajas en la guerra de Irak ocurrieron después de ese discurso.

Barack Obama prometió y, luego, cumplió el retiro de las tropas norteamericanas de Irak en diciembre del 2011. En ese momento dijo dejar un Irak “soberano, estable y autosuficiente”. No fue así. El conflicto interno en Siria desestabilizó aún más la región y ahora insurgentes sunitas, con apoyo de combatientes sirios, han puesto al borde del colapso a la nación iraquí. Irak podría, perfectamente, dividirse en tres territorios independientes. Estas fuertes tendencias sectarias y religiosas –chiítas, sunitas y kurdas- son las que amenazan con desaparecer la ilusoria idea de un solo Irak.

Y ante un Irak que se autodestruye –y que sufre las presiones de Irán y Siria- el presidente Obama ha decidido sabiamente no meterse. Pero esta es la segunda vez que Estados Unidos pierde la misma guerra.

El ex vicepresidente Dick Cheney dijo a PBS que la invasión a Irak en el 2003 fue “la decisión correcta entonces y creo que todavía lo es”. ¿Qué más va a decir si esa fue su idea? Pero no es correcto que miles de norteamericanos y civiles iraquíes hayan muerto por armas de destrucción masiva que nunca existieron. No es correcto inventarse guerras preventivas. No es correcto mandar a otros a morir sin tener la certeza de una inminente amenaza.

Obama no se quiere volver a meter en Irak. Pero Cheney cree que el presidente está cometiendo un error garrafal. Cheney le dijo a un comentarista radial que “va a haber otro ataque” terrorista en Estados Unidos en la próxima década y que el ataque será “más mortífero” que el del 2001. Así, vendiendo el miedo, es como Estados Unidos se metió innecesariamente a la guerra en Irak hace 11 años. Cheney ya no gobierna pero todavía muchos piensan como él.

Estados Unidos nunca tuvo claro cuál era su objetivo al atacar a Irak. ¿Matar a Saddam? ¿Evitar un posible ataque terrorista? Por eso perdió la guerra dos veces: primero con la muerte injustificada de miles de sus soldados y ahora viendo como se desmorona el gobierno que dejó a cargo del país.

Los insurgentes sunitas de ISIS están hoy al frente de ciudades que tomó a Estados Unidos muchos años y muchos muertos controlar. Ejecutaron a Saddam, un sunita, pero otros sunitas están ahora en control de una tercera parte de Irak. Todo ha sido inútil.

No hay guerra buena.

Brasil no está listo para la Copa Mundial de Futbol. Ni lo estará.

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Hay demasiadas cosas pendientes. Pero no se preocupen. La pelota va a rodar a partir del 12 de junio y por 90 minutos a la vez se nos va a olvidar todo lo que está mal.

Mientras escribo está columna todavía hay estadios sin terminar, policías metiéndose en las favelas para evitar violencia -y una mala imagen al mundo- y protestas de quienes creen que los 11 mil millones de dólares gastados en futbol hubieran estado mejor utilizados en escuelas y hospitales. Ya es demasiado tarde hasta para quejarse. La mayoría de los equipos ya están entrenando en Brasil y yo ya compré mis boletos para la final.

Me ha tocado cubrir cuatro mundiales como periodista: Estados Unidos, Corea del Sur/Japón, Alemania y Sudáfrica. Siempre ha habido reportes de que el país sede no está listo y, al final, siempre se realiza el torneo y los problemas se superan (o en el peor de los casos se improvisan soluciones). En Brasil está pasando lo mismo.

Cuando faltaban 157 días para el Mundial, el presidente de la FIFA, Sepp Blatter, fue cortante. “Brasil empezó a trabajar demasiado tarde”, dijo. “Ningún país ha estado tan atrasado en sus preparaciones desde que yo estoy en la FIFA.”

Brasil tuvo siete años para prepararse para el Mundial pero, reforzando ese estereotipo tan latinoamericano, dejó todo para el final. Y se les acabó el tiempo.

“Es una vergüenza”, dijo el ex futbolista Ronaldo en una entrevista con Reuters, criticando los retrasos en la organización del evento. “Estoy avergonzado. Este es mi país y lo quiero mucho. No deberíamos difundir esta imagen en el exterior.”

Pero la presidenta, Dilma Rousseff, no se dejó meter un gol y le replicó al delantero.“No hay razón alguna para avergonzarse de nada”, insistió Rousseff, “ni tenemos por qué tener un complejo de inferioridad.”

Al contrario. Si algo caracteriza a los brasileños, al igual que a los texanos, es que les gusta hacer las cosas en grande. Son el segundo país del mundo, después de México, que se ha atrevido hacer un Mundial y unas Olimpíadas con solo dos años de separación. Genial. Pero la burocracia brasileña es para arrancarse los pelos y no ha estado a la altura de las circunstancias. El Mundial rápidamente los rebasó.

Tengo un ejemplo cerca de casa. El consulado de Brasil en Miami ha sido un verdadero desastre para atender a las miles de personas que quieren ir al Mundial y necesitan una visa. Hace varias semanas fui a solicitar una visa de turista para mi hijo, que me acompaña a Brasil. Llegué poco después de las 9 de la mañana y tuve que esperar más de tres horas para que me atendiera uno de los dos funcionarios disponibles. El consulado no estaba preparado para el Mundial.

La atención fue pésima y malhumorada, el sitio de internet para solicitar la visa es tan confuso que genera más preguntas que respuestas, no aceptan tarjetas de crédito y nadie contesta el teléfono en el consulado para agilizar el proceso. Es tan frustrante que vi salir de ahí a dos adultos llorando.

Por supuesto, con un sistema tan malo, ineficaz y limitado, muchas personas tienen que regresar varias veces con documentos, pagos y absurdas solicitudes de dos fatigados burócratas que, con su pedacito de poder, le hacen la competencia a El Castillo de Franz Kafka. Fatal. El consulado de Brasil en Miami ha dado una muy injusta imagen de su país. Ojalá no sea un augurio. En lugar de darnos la bienvenida, su mensaje parecía ser: no queremos que vayan a Brasil.

Todo esto, espero, lo vamos a olvidar tan pronto veamos los primeros partidos de futbol. He estado en varias ocasiones en Brasil y es una nación extraordinaria. Nunca me he ido de ahí desilusionado. Pero esta es la prueba de fuego.

¿Cómo medirán los brasileños el éxito de su Mundial? Estoy casi seguro que no será en reales sino en goles. Si la selección del juego bonito gana el campeonato mundial por sexta ocasión, todo habrá valido la pena para ellos. Hasta los manifestantes, estoy seguro, dejarían sus protestas el día de la final.

No, Brasil no está listo para el Mundial pero, la verdad, no importa. Se nos olvida que lo único verdaderamente importante en un Mundial es el futbol. Nada más.

Por Jorge Ramos Avalos.
(junio 2, 2014)

¿Para qué necesita España un rey en pleno siglo XXI? Para nada.

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La democracia española está perfectamente consolidada, tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, y no requiere de un nuevo rey para garantizar su futuro. Los españoles pueden vivir sin rey.

La abdicación del rey Juan Carlos I de Borbón tomó a muchos por sorpresa. Pero había una creciente presión para un cambio. En un país con unos seis millones de parados –donde tener menos de 25 años es casi una condena de desempleo- no es fácil justificar los gastos de un rey que se va a cazar elefantes o los abusos y complicidades de su yerno, Iñaki Urdangarín, para enriquecerse.

Nadie cuestiona el papel fundamental del rey Juan Carlos en la transición hacia la democracia. Pero ya no. Su rol no es esencial.

Hoy la mayoría de los españoles quiere un cambio. Un 62 por ciento, según una encuesta del diario El País, desearía “en algún momento” un plebiscito para redefinir su forma de gobierno y escoger entre monarquía o república. Pero, para variar, los políticos tradicionales no están escuchando.

El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, cortó cualquier posibilidad de cambio en el actual sistema de gobierno. “El debate tiene un objetivo único”, dijo,“la abdicación, de eso se trata.” Y como su partido, el Popular, y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) controlan más del 80 por ciento de los puestos en el parlamento, el asunto de una verdadera y final transición hacia la democracia quedó archivado. Pero les volverá a brincar.

Tener reyes no es moderno, moral, deseable o aleccionador. Es un terrible prejuicio histórico. Nadie debería tener un puesto solo por ser hijo del rey. Esa no puede ser una regla universal. En una sociedad en que premiamos el talento, el esfuerzo, la creatividad y el valor, lo menos cool es ser príncipe o rey por tu día de nacimiento en una familia privilegiada.

La monarquía parlamentaria es la forma política del estado español. El rey reina, dicen, pero no gobierna. Es su peculiar manera de separar los poderes. Pero tiene una contradicción intrínseca; ¿manda la mayoría o manda uno? Monarquía parlamentaria es un término tan confuso y ambiguo como el “estado libre asociado”en Puerto Rico o el “Partido Revolucionario Institucional” en México.

Apoyar la monarquía va en contra del principio de igualdad que promueve la mayoría de las constituciones del mundo. “Todos los hombres fueron creados iguales”, dice la Declaración de Independencia de Estados Unidos en 1776. Los franceses establecieron lo mismo en su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos.” Y Naciones Unidas refrenda en 1948, casi con las mismas palabras, el concepto de que nadie nace superior a los otros.

Apoyar a un rey es ir en contra del avance de todos y refrenda los valores más retrógrados e injustos de una sociedad. España pudo en este 2014 definir su futuro buscando mayor igualdad. Pero, por ahora, prefirió ser un país de desiguales.

Este asunto, ciertamente, no es personal. Conocí al principe Felipe en 1998 en Honduras, tras el paso del destructivo huracán Mitch. Y se metió a las zonas más peligrosas y afectadas, compartiendo y ayudando a los más pobres de los pobres. Me impresionó su actitud; fue sencillo y directo, afectivo y efectivo.

Lo volví a ver hace unos meses, durante su visita a las instalaciones de las cadenas Univision y Fusion en Miami. Dudo que haya alguien mejor preparado que él –con inigualables cualidades militares, lingüísticas y diplomáticas- para ser rey. (Y hasta tiene sentido del humor; se tomó una selfie, sonriente, con una de nuestras periodistas.)

Pero en esta época nadie debe ser subdito de nadie. Insistir en reyes y reinas es el mensaje equivocado. En el siglo XIX hubo más de 250 monarquías en el mundo. El diario The Washington Post calculó que ahora solo quedan 26.

Sospecho que Felipe y su esposa Letizia, por su juventud, formación e inteligencia, también apoyarían un plebiscito si no formaran parte de la familia real. Pero lo democrático, lo verdaderamente moderno, es que si Felipe o cualquier otro español quiere ser jefe de estado, que se lance como candidato y se ponga a votación. No se vale apelar a tu acta de nacimiento.

La monarquía ya tuvo su lugar en la historia de España. Esta es la era de las repúblicas, de la democracia, de la igualdad y de los ciudadanos.

No más reyes.

Por Jorge Ramos Avalos.
(junio 16, 2014)

Los rusos quieren más – Ética Periodista

rusos

Milán. Los rusos están por todos lados.

Dos delante y una familia de cuatro detrás de mí, en la fila para mostrar el pasaporte en el aeropuerto de Venecia. El único funcionario italiano que nos atiende habla ruso. Leer más de esta entrada

Dos ciudades imposibles – Ética Periodista

Cruise Middelhavet 2011 Venezia Venice

Venecia y Las Vegas son dos ciudades imposibles.

No deberían existir y, sin embargo, ahí están. Una amenaza con hundirse y no se hunde, y la otra sobrevive impune al viento, la arena y el calor en la mitad del desierto.  Leer más de esta entrada

La rebelion del pajarito

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Nicolás Maduro, el líder autoritario de Venezuela, está rodeado de pajaritos.

Un “pajarito chiquitico” le silbó una vez y él creyó que era el espíritu del fallecido Hugo Chávez. Aquí está el video en que habla de esa milagrosa aparición.

Pero, además, Maduro está rodeado de otros pajaritos, azules –los de Twitter- que le están haciendo la vida imposible. Leer más de esta entrada

Cesar Chavez en la Casa Blanca

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Washington, D.C. Cesar Chavez, el líder histórico de la comunidad latina, nunca fue invitado a la Casa Blanca.

Al menos ocho presidentes pudieron invitarlo -Kennedy, LBJ, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush Sr. y Clinton- pero no lo hicieron. Quizás porque Cesar hacía sentir muy incómodos a los poderosos. O tal vez porque le tenían miedo a alguien que había nombrado a sus perros“Boycott” y “Huelga”. Leer más de esta entrada