¿Qué cambiará en Colombia?

Maria Isabel Rueda

Maria Isabel Rueda

Ya había comenzado a cambiar todo desde que salimos de esa rosca mafiosa que se tenía tomado al fútbol colombiano y que jamás nos habría dejado avanzar, porque le apostaban a que el asunto era con sobornos de plata y no con fibra y calidad.

Nunca olvidaré como periodista el dolor de saber que la Selección Colombia había clasificado al mundial de 1990 en Italia porque Pablo Escobar había comprado el ‘agache’ de un equipo para que Colombia clasificara. Escuché con toda claridad la grabación en la que Maturana agradecía el regalo al “Doctor”. Hoy, gracias a Dios, James, Cuadrado, Ospina, Quintero, Jackson, Armero, hasta a mi Falqui –así no hubiera jugado–, y sobre todo el profesor Pékerman, nuestro fútbol pertenece a otras épocas. Particularmente nos caló el estilo del técnico hermético con el periodismo deportivo y cero showman en reportajes y entrevistas. De eso quizás provino en parte su gran autoridad. Hoy digo sin lágrimas en los ojos que ni en el triunfo ni en la derrota nos hicieron falta ni Leonel Álvarez ni el ‘Bolillo’ Gómez.

Pero la tara narcotraficante todavía la cargamos. No solo una, sino dos caricaturas que muestran a nuestros muchachos inhalando coca estuvieron circulando por la red. Ambas, provenientes de Europa, donde les debe parecer chistosísimo el cuento de que Colombia ganaba partidos porque sus jugadores se ‘encocaban’. Y aun cuando alguno de sus equipos puede todavía quedar de campeón, Europa, algo que me fascina, recibió sopa y seco de los equipos considerados más débiles y tercermundistas al comienzo de esta contienda mundialista. ¿No es una prueba de que el mundo está cambiando?

Pero como la pregunta es qué cambiará en Colombia con el espectáculo heroico de nuestra Selección, yo diría que mucho más.

El fútbol no puede considerarse un asunto banal. Un muchacho de 22 años y sus compañeros, cuya mayoría no pasa de 26, nos dieron razones para recuperar el orgullo de nuestra nacionalidad. Enfrentamos cara a cara a Brasil, el mejor equipo del mundo. En palabras del escritor y periodista argentino Martín Caparrós, Brasil venía a jugar con Colombia “con más miedo que vergüenza”. Pero, al contrario de lo que opina Caparrós, sobre que Colombia no se estaba jugando, como Brasil, su identidad en este Mundial, yo creo definitivamente que Colombia sí, y se la ganó. Jugábamos una revancha contra nuestra historia. La de parias latinoamericanos, la de narcotraficantes, la del único país latinoamericano con guerrilla, la de emigrantes, la de la pobreza, la de la corrupción. Gracias a la Selección Colombia, los niños de este país tienen un ejemplo, los jóvenes, un motor, y los adultos, una ilusión.

Muchos brasileños creían que la derrota de Brasil sería definitiva en la no reelección de su presidenta, Dilma Rousseff.
Creo que, salvo por las victorias de la Selección Colombia, no hay ninguna mejor inspiración para unir a este país tan polarizado alrededor de dos sentimientos: el honor y la gratitud. ¿Servirá eso para consolidar el proceso de paz? Colombia se enfrentó contra Brasil, James contra Neymar, y, aunque no ganamos, demostramos que el deporte limpio pudo contra las roscas mafiosas del narcotráfico que tanto atormentaron a este pobre país. La paz también puede contra la guerra, si queremos.

Profesor José Pékerman: un eterno agradecimiento por lo que nos enseñó a los colombianos. Dignidad.

Es un nuevo amanecer para Colombia.

Entre tanto… Creo que las estelas de violencia y destrucción en Bogotá que provocaron los triunfos de la Selección Colombia se deben a que Petro todavía no se ha desmovilizado verbalmente.

MARÍA ISABEL RUEDA

La piel de Zapa

daniel coronell

daniel coronell

Un asesinato está empezando a destapar la compleja red de corrupción que funciona en la Gobernación de Córdoba. Jairo Zapa, el director de regalías de la gobernación, quien manejaba más de 100 mil millones de pesos, desapareció a finales de marzo. Hace unas semanas un antiguo paramilitar llamado Joice Hernández confesó que lo había estrangulado, según él, porque la víctima tenía una relación con su novia. Todo indica que fue otro el motivo del homicidio.

El paramilitar reveló el lugar donde había enterrado a Zapa envuelto en un costal de lona. El cadáver estaba muy cerca de una finca del padre del gobernador de Córdoba Alejandro Lyons. Y digo una, porque coincidiendo con la gobernación de su hijo, una súbita racha de prosperidad le ha llegado al señor Lyons. Según los registros públicos, en mayo del año pasado compró cuatro fincas allí en Pueblo Nuevo, cerca de donde encontraron el cuerpo.

Más se demoraron en hallar los despojos mortales del doctor Zapa que el señor gobernador en salir a dar una explicación que nadie le estaba pidiendo: “Esto puede que haya sido una desafortunada coincidencia y no quisiera pensar que se trata de una manipulación perversa de alguien que intenta involucrar a mi familia en este lamentable episodio”.

Al margen de esa coincidencia, otras cosas raras han empezado a suceder desde la desaparición del director de regalías. Es como si alguien buscara desesperadamente alguna evidencia que hubiera dejado el difunto y que pudiera contribuir al esclarecimiento de su propia muerte.
Hace apenas dos semanas, cuatro hombres que se hicieron pasar por agentes del Gaula llegaron hasta la casa de los padres de Zapa. Los amarraron y amordazaron a ellos y a otras dos personas que los acompañaban y empezaron a esculcar cada rincón de la casa. Sólo se llevaron los celulares, nada más.
Días antes –cuando no habían encontrado el cadáver y no había certeza sobre los hechos- el contratista Jesús Henao, favorecido con jugosos negocios pagados con el dinero de las regalías, fue a visitar a la desconsolada esposa de Zapa y a sus cuatro pequeños hijos. A ella le dijo que quería entregarle 2 mil millones de pesos  “por si su esposo estaba muerto”. Le habló de múltiples “negocios” de contratación y mencionó en su conversación al Gobernador de Córdoba y a otros altos funcionarios. Preguntó por unos documentos y se despidió cuando la señora rechazó la generosa oferta.
Semanas después, el 8 de agosto, cuando ya el cuerpo estaba identificado, quien fue a la casa de la viuda fue el propio gobernador Alejandro Lyons. En su gentil visita de pésame, el señor gobernador manifestó su preocupación por la seguridad de la familia de Zapa. Sin embargo a la viuda le quedó la impresión de que el mandatario estaba más interesado en vigilarla que en cuidarla. Según ella, el gobernador insistió en la necesidad de instalar cámaras dentro de su casa “para protegerla”, ofrecimiento que ella declinó.
La viuda de Zapa se imagina que lo que están buscando los interesados es una especie de contabilidad que mostraría lo que los libros oficiales no dejan ver.
Para tranquilidad –o más bien para angustia- de sus incansables buscadores, los documentos sí existen.
Hay por ejemplo varios reveladores papeles, escritos en una letra que la viuda de Zapa reconoce como la de su difunto esposo, en los que se habla de negocios como “Agro Forestal”, “Turismo” y “Caña flecha” y se mencionan importantes sumas y porcentajes del negocio para “JH” y “JO”.
En otros, de color rosado, se mencionan una serie de obras con su costo asignado para “Pueblo Nuevo”.
Otros hablan del desembolso de regalías por el Banco Colpatria y menciona una serie de nombres al lado de unas cifras como “ $ 2.129’ ” “$ 11.000’ ”.
Algunas iniciales y nombres en los papeles coinciden con los del contratista Jesús Henao y los funcionarios Maximiliano García y Carlos Pérez, presos hoy como sospechosos del crimen.
La investigación ha ido avanzando notablemente, pero no ascendiendo. Hasta ahora la justicia no le ha preguntado al señor gobernador Lyons si tiene alguna información de lo que sucedió y de lo que sigue pasando.

¿Cómo ayudó Colombia a recuperar el canal de Panamá a los panameños?

etica periodista alfonso lopez

Esta semana se ha hablado mucho del papel que su papá jugó para que los Estados Unidos pudieran devolverle el canal a Panamá. ¿Qué tenía que ver Colombia con eso?

Es una historia compleja. Pero en resumen se trata de que Colombia tenía unos derechos de tránsito por el canal de Panamá que le había otorgado Estados Unidos en 1921. Los Estados Unidos invocaban esas obligaciones con Colombia como el principal escollo para otorgarle la plena soberanía a Panamá, pues decían que tenían que cumplirle a Colombia. El papel de mi papá fue destrabar eso.

Los colombianos de hoy no conocen mucho esa historia. ¿Por qué los Estados Unidos le otorgaban beneficios a Colombia en 1921 sobre algo que había sido nuestro?

El presidente norteamericano Theodore Roosevelt quería arrebatarle Panamá a Colombia para poder hacer un canal en los términos en que le interesaban a los Estados Unidos. Ese zarpazo lo hizo estimulando, en 1903, una revuelta interna en Panamá para que este departamento se independizara y quedara, en la práctica, convertido en un protectorado americano. Eso pasó, y la humillación para Colombia fue tan grande que no reconoció la independencia de Panamá sino hasta 1912, y las relaciones con Estados Unidos quedaron muy deterioradas. En 1921, el gobierno americano, para remediar esta situación, ofreció a Colombia una reparación por medio del tratado Urrutia-Thompson.

¿Y es ahí donde se nos concedieron los famosos 25 millones de indemnización y los privilegios del tránsito libre?

Sí. Eso mejoró las relaciones entre los dos países. Pero, de ahí en adelante, cada vez que los panameños querían recuperar la zona del canal, los gringos invocaban su obligación con Colombia como la razón por la cual no podían otorgarle la plena soberanía sobre el canal a Panamá.

Buena la disculpa. Se necesitaba que aprobáramos la movida sin perder nuestros derechos. ¿Cómo destrabó su papá ese asunto?

Llegando a un pacto de caballeros con Torrijos. Mediante este, Colombia renunciaba unilateralmente a los beneficios que los Estados Unidos le habían otorgado, y Panamá se comprometía, una vez recuperara su soberanía sobre la zona del canal, a restablecerle al país esos mismos privilegios.

Eso me suena bastante lógico. Pero era una jugada arriesgada si acaso Panamá no nos cumplía…

Era la única manera de que los Estados Unidos, que habían recibido de Panamá la zona del canal a perpetuidad, se quedaran sin disculpa para no negociar. Pero claro que la renuncia unilateral de esos derechos era una jugada muy audaz, pues como Panamá en ese momento no era dueña del canal, lo único que podía ofrecer Torrijos era su palabra de que el día en que el canal fuera panameño, él honraría ese compromiso.

Dada la amistad que existía entre su papá y Torrijos, no había por qué pensar en que nos iba a poner conejo…

Eso es fácil decirlo ahora. Pero frente a las realidades políticas del momento en que el gobierno tenía una oposición feroz de Misael Pastrana, el pacto de caballeros fue denunciado como la pérdida por acción del gobierno de unos derechos muy valiosos, y mi papá fue acusado por traición a la patria ante la Comisión de Acusaciones.

Torrijos cumplió y finalmente no pasó nada…

Pasó más en Estados Unidos que en Colombia. Haber entregado el canal de Panamá a ese país fue uno de los factores que contribuyó a que Carter perdiera la reelección. Así como aquí teníamos la oposición de Pastrana, Carter tenía la de los republicanos, y el problema era tan delicado que el tratado Carter-Torrijos fue aprobado por el Senado de los Estados Unidos por una mayoría de un solo voto. Algunos senadores que apoyaron a Carter también perdieron la reelección.

No se me ocurren dos presidentes con personalidades más distintas que la de su papá y Torrijos. ¿Por qué resultaron tan amigos?

Contrario a lo que muchos creen, Torrijos nunca fue presidente de Panamá. Era simplemente el jefe de la Guardia Nacional y el verdadero hombre fuerte mientras había periódicamente elecciones presidenciales. Mi papá, que era antimilitarista por temperamento, miraba con cierta fascinación cómo un hombre de extracción popular y sin formación académica estaba sacando a Panamá del colonialismo a punta de astucia y audacia. Pero ya que habla usted de diferencias, yo creo que precisamente por ellas fue que se entendieron tan bien. Mi papá admiraba la autenticidad de Torrijos y su falta de pretensiones.

¿Una especie de atracción fatal entre la malicia indígena y la cultura universal?

No creo que a mi papá le gustaría esa definición suya. Él podía ser un hombre culto, pero tenía también bastante malicia indígena. En todo caso, sí disfrutaba de la sabiduría popular del general y con los dichos con los cuales la expresaba. Refiriéndose a algunos de sus ministros decía: “Ellos quieren entrar a la historia, y yo lo único que quiero es entrar al canal”. Pero Torrijos también gozaba las diferencias con mi papá. Yo creo que él, quien tenía más conocimiento de cómo funcionaba su pueblo que de cómo funcionaba el mundo, reconocía que mi papá tenía una visión internacional que le servía por lo del canal.

Frente a los Estados Unidos, sobre todo, que son tan difíciles de manejar…

Más bien frente a Latinoamérica. Los Estados Unidos siempre aspiraban a circunscribir el problema a un asunto bilateral entre ellos y Panamá. Mi papá, que tenía buena amistad con otros presidentes del continente, habló con muchos de ellos, y en particular con Carlos Andrés Pérez de Venezuela y Daniel Oduber de Costa Rica para conformar un bloque latinoamericano que ejerciera presión en Washington. Eso se logró, pues, al internacionalizarse el problema; Panamá logró aliados de peso. Sobre eso hay una anécdota que yo no conocía que contaron dos de los invitados al conversatorio sobre López y Panamá que tuvo lugar en Bogotá la semana pasada: el expresidente Nicolás Ardito Barletta y el exvicepresidente Samuel Lewis.

¿En qué consistió?

En que cuando ya estaba bastante adelantado el tratado pero quedaban algunas trabas finales, Colombia convocó a una cumbre, que incluía además de Torrijos, al presidente de México, al de Venezuela, al de Costa Rica y al primer ministro de Jamaica. Con seis jefes de Estado presentes en el Palacio de San Carlos se decidió llamar al embajador de Panamá en Washington y pedirle que convocara a los dos negociadores norteamericanos, Ellsworth Bunker y Sol Linowitz, para que registraran ese apoyo colectivo. Eso se hizo, y los dos gringos se desplazaron a la embajada de Panamá en Estados Unidos. Y para sorpresa de ellos, quedaron en el teléfono frente a buena parte de los presidentes del continente. Este gesto improvisado posiblemente contribuyó a acelerar la firma del tratado.

¿Cuándo se llegó a ese acuerdo y cómo fue?

Es que hay dos acuerdos, el que firmaron Estados Unidos con Panamá (Torrijos-Carter), mediante el cual los Estados Unidos le devuelven a ese país el canal, y el que firmó Panamá con Colombia. En este último, el gobierno de Panamá le restableció a Colombia los derechos que le habían otorgado los Estados Unidos en 1921. Eso sucedió en 1980, cuando el presidente era Turbay; el canciller, Diego Uribe Vargas y el ponente en el congreso, Edmundo López Gómez. Se llamó el Tratado de Montería y se firmó después de que mi papá se había retirado de la presidencia.

La mayoría de colombianos ignoramos esta historia. ¿Usted conoce tanto detalle porque acompañó a su papá durante el proceso?

No. Yo vivía en Estados Unidos, pero lo seguía de cerca. Siempre me ha llamado la atención que la pérdida de Panamá es tal vez el evento más importante de Colombia en el siglo XX, pero es cierto que una altísima proporción de los colombianos ni siquiera sabe que Panamá formaba parte de nuestro país. La historia de Panamá y su independencia son temas apasionantes llenos de datos curiosos. ¿Por ejemplo, sabía usted que Rafael Núñez llegó por primera vez al Congreso de Colombia como representante del departamento de Panamá? Pero tal vez lo más sorprendente es que años después, cuando Roosevelt decidió incitar a la revuelta para poder hacer su canal, los líderes del movimiento independentista no habían nacido en Panamá, en tanto que los parlamentarios elegidos por Panamá, panameños de pura cepa, no estaban de acuerdo con la separación de Colombia.

¿Y quiénes fueron esos protagonistas?

Son nombres hoy desconocidos, pero eran personas muy importantes en 1903. El primer presidente de Panamá, Manuel Amador Guerrero, era cartagenero. El comandante de las tropas acantonadas en Panamá, Esteban Huertas, quien se sumó a la revuelta, era de Boyacá.

En cambio, los prohombres de Panamá en el momento, el senador Juan Bautista Pérez y Soto y el representante Óscar Terán, no estuvieron de acuerdo con la separación de Colombia. Este último, muchos años después, hacia 1930, publicó un libro muy bien documentado titulado Atraco o la mal llamada en Panamá separación de Colombia y en Estados Unidos, independencia de Panamá. Óscar Terán murió en 1936 siendo colombiano.

Otro caso interesante que llama la atención es el de Belisario Porras, quien comandaba las tropas liberales en el istmo durante la Guerra de los Mil Días. Como también se opuso a la separación, la Corte Suprema lo despojó de la nacionalidad panameña, que solo obtuvo en 1907. Aceptada la realidad de la independencia, llegó a ser presidente de Panamá en tres oportunidades.

En ese momento había una pugnacidad muy fuerte entre liberales y conservadores fruto de la Guerra de los Mil Días en Colombia. ¿Ese odio se trasladó también a Panamá?

Directamente no. Pero ese odio estaba tan vigente en el momento de la separación de Colombia que fue utilizado como símbolo cuando se inventaron la bandera panameña. Como evocación de esa pugnacidad, la nueva República decidió que su bandera fuera de tres colores: rojo y azul, como evocación del enfrentamiento entre los partidos tradicionales y blanco como símbolo de la armonía que encontrarían en esa nueva nación panameña.

MARÍA ISABEL RUEDA

Es inaudito que, por quinta vez, las Farc nos impongan Presidente.- MARÍA ISABEL RUEDA

Maria Isabel Rueda

Maria Isabel Rueda

¿Nos habremos dado cuenta de que llevamos cinco elecciones presidenciales en línea en las que las Farc han sido factor determinante?

La primera, la de Andrés Pastrana, cuando a Víctor G. Ricardo y a Álvaro Leyva les sonó la flauta de hacerle una visita in situ a ‘Tirofijo’ en su campamento. Citaron a una rueda de prensa en la que ‘Tirofijo’ lucía un reloj suvenir de la campaña pastranista. Se disparó de inmediato el mensaje de que si Pastrana era elegido Presidente podría haber paz con las Farc. Y Pastrana ganó.

Cuatro años más tarde, las Farc nos hicieron votar por Uribe. Ante el fracaso del Caguán y el escándalo de los descubrimientos transmitidos por el entonces senador Germán Vargas, de que en el Caguán se escondían secuestrados, camionetas robadas, caletas, droga y se estaban robando las tierras, y de que la zona de distensión era un campo de entrenamiento, los colombianos comenzamos a escuchar la voz de Álvaro Uribe Vélez, que prometía dar esa pelea militar. Empezó muy bajito en las encuestas, pero borrosamente recuerdo que pegó un brinco del 10 al 40 por ciento, convirtiéndose en un candidato viable, después de una manifestación en Villavicencio en la que miles de personas salieron a protestar contra el secuestro y la guerrilla.

Así pasamos 4 años, dándoles duro a las Farc con un Ejército que desde el gobierno de Pastrana y con la ayuda de los gringos se había venido fortaleciendo. Y cuando llegó la hora de reelegir a Uribe, lo hicimos: la tarea de debilitar las estructuras militares guerrilleras iba bien, pero no había culminado. Nuevamente las Farc fueron el elemento definitivo para reelegir al Presidente, ante la sensación del país de que la guerrilla sí era derrotable militarmente.

Cuatro años después, las Farc nos volvieron a conducir a los colombianos a votar por Juan Manuel Santos, convencidos de que continuaría la tarea emprendida por Uribe. Pero sorpresivamente Santos, que había sido elegido para seguir aniquilando militarmente a las Farc, tomó otra ruta, aconsejada por la razón y el corazón: resolvió negociar con ellas. Eso jamás se lo perdonó el expresidente Uribe, para quien fue una traición y un retroceso en la dirección equivocada. Desde el primer día se dedicó a sabotearlo.

En las elecciones de hoy, vuelve y juega: las Farc serán decisivas. Si el ganador es Juan Manuel Santos, indicará que la mayoría de colombianos quiere seguir explorando el camino de la solución negociada. Es tan fuerte el optimismo que hasta muchos representantes de la izquierda que votarán por la reelección han anunciado que lo harán con guante de látex o con tapabocas, porque en lo demás este gobierno les ha parecido malísimo, pero el ideal de la paz es más fuerte.

Si gana Óscar Iván Zuluaga, también será gracias a las Farc. Porque la mayoría de colombianos habrá decidido rechazar una negociación que, para ellos, implicará el costo de una gran impunidad, que no están dispuestos a pagar.

Pensándolo bien, es inaudito que los últimos cinco presidentes de Colombia se hayan elegido por causa de las Farc. Estamos en un círculo vicioso. En el interregno, han fallecido por muerte natural o en acciones militares todos sus generales: ‘Jacobo Arenas’, ‘Manuel Marulanda’, ‘Raúl Reyes’, el ‘Mono Jojoy’, ‘Alfonso Cano’. Seguimos atrapados en la historia de hace 50 años, solo que hoy negociamos con coroneles y tenientes.

Mis votos son por que esta sea la última vez que las Farc definan las elecciones presidenciales en Colombia. A ver si en cuatro años el debate de la campaña puede ser alrededor de la educación, de la pobreza, del crecimiento, del empleo, del campo, de la industria, de la infraestructura, del agua, y no de la disyuntiva guerra-paz.

Entre tanto… ¿Y después de las elecciones, quién curará las heridas de un establecimiento totalmente dividido? Sea quien sea el ganador, debe ponerse desde el primer día en esa tarea.

MARÍA ISABEL RUEDA

Destetémonos de Venezuela

Maria Isabel Rueda

Maria Isabel Rueda

El Presidente reconoce que el Gobierno y sus Fuerzas Armadas saben “más o menos” dónde está ‘Timochenko’. Creo que todos los colombianos también sabemos, desde hace rato, “más o menos” dónde está el jefe de las Farc. Pero sí resulta noticia que el Presidente admita que mientras dio la orden de atacar a ‘Alfonso Cano’ en noviembre del 2011, hoy tendría dudas de hacer lo mismo con ‘Timochenko’, según él, “porque las condiciones son distintas”. Leer más de esta entrada

¿Qué tan importante sería un cese del fuego definitivo de las Farc?

primer

El viceprimer ministro de Irlanda del Norte habla de su visión sobre el proceso de paz en Colombia.

El viceprimer ministro de Irlanda del Norte, Martin McGuinness, cofirmante de la paz con el Ira y miembro de su brazo político, Sinn Féin, habla con María Isabel Rueda de su visión sobre el proceso de paz en Colombia. Leer más de esta entrada

Mister White

Maria Isabel Rueda

Maria Isabel Rueda

En las más de 1.200 encuestas con cubrimiento nacional hechas por la respetabilísima firma encuestadora Ipsos Napoleón Franco y Cía. entre 1998 y el 2014, la cifra más alta que ha marcado la intención del voto en blanco fue en mayo del 2002, durante la primera elección de Uribe, que llegó al 9 por ciento. Leer más de esta entrada

Querer de lejos

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Miami. Los que nos fuimos no podemos dejar de pensar en los que se quedaron. Es extraño pero el habernos ido nos acercó aún más a nuestro país de origen. En esto pienso cuando veo a tantos venezolanos en esta ciudad de exilios. Se fueron de Venezuela pero Venezuela no se fue de ellos.  Leer más de esta entrada

La oreja que nos escucha

Maria Isabel Rueda

Maria Isabel Rueda

Al igual que en el grave episodio de los ‘falsos positivos’ que gravitan como alma en pena, encadenados a la impunidad terrenal, los nuevos escándalos acaban de costarle nuevamente la cabeza a la cúpula militar. Y la situación para nuestro Ejército, una de las instituciones más queridas del país, es incómoda. Leer más de esta entrada

Colombia, testigo mudo

Maria Isabel Rueda

Maria Isabel Rueda

Colombia está absolutamente presa de su condición de testigo mudo de las inconveniencias políticas y morales del régimen venezolano.
Es lo que el expresidente Uribe llama, no sin razón, “silencio cómplice”. Un silencio que construimos conscientes de que se nos iba a volver, más que prudente, obligatorio. Es uno de los costos de la fórmula de permitir que sobre el proceso con las Farc fungieran como dueños sus patrocinadores, el chavismo y los hermanos Castro. Leer más de esta entrada