¿Cómo ayudó Colombia a recuperar el canal de Panamá a los panameños?

etica periodista alfonso lopez

Esta semana se ha hablado mucho del papel que su papá jugó para que los Estados Unidos pudieran devolverle el canal a Panamá. ¿Qué tenía que ver Colombia con eso?

Es una historia compleja. Pero en resumen se trata de que Colombia tenía unos derechos de tránsito por el canal de Panamá que le había otorgado Estados Unidos en 1921. Los Estados Unidos invocaban esas obligaciones con Colombia como el principal escollo para otorgarle la plena soberanía a Panamá, pues decían que tenían que cumplirle a Colombia. El papel de mi papá fue destrabar eso.

Los colombianos de hoy no conocen mucho esa historia. ¿Por qué los Estados Unidos le otorgaban beneficios a Colombia en 1921 sobre algo que había sido nuestro?

El presidente norteamericano Theodore Roosevelt quería arrebatarle Panamá a Colombia para poder hacer un canal en los términos en que le interesaban a los Estados Unidos. Ese zarpazo lo hizo estimulando, en 1903, una revuelta interna en Panamá para que este departamento se independizara y quedara, en la práctica, convertido en un protectorado americano. Eso pasó, y la humillación para Colombia fue tan grande que no reconoció la independencia de Panamá sino hasta 1912, y las relaciones con Estados Unidos quedaron muy deterioradas. En 1921, el gobierno americano, para remediar esta situación, ofreció a Colombia una reparación por medio del tratado Urrutia-Thompson.

¿Y es ahí donde se nos concedieron los famosos 25 millones de indemnización y los privilegios del tránsito libre?

Sí. Eso mejoró las relaciones entre los dos países. Pero, de ahí en adelante, cada vez que los panameños querían recuperar la zona del canal, los gringos invocaban su obligación con Colombia como la razón por la cual no podían otorgarle la plena soberanía sobre el canal a Panamá.

Buena la disculpa. Se necesitaba que aprobáramos la movida sin perder nuestros derechos. ¿Cómo destrabó su papá ese asunto?

Llegando a un pacto de caballeros con Torrijos. Mediante este, Colombia renunciaba unilateralmente a los beneficios que los Estados Unidos le habían otorgado, y Panamá se comprometía, una vez recuperara su soberanía sobre la zona del canal, a restablecerle al país esos mismos privilegios.

Eso me suena bastante lógico. Pero era una jugada arriesgada si acaso Panamá no nos cumplía…

Era la única manera de que los Estados Unidos, que habían recibido de Panamá la zona del canal a perpetuidad, se quedaran sin disculpa para no negociar. Pero claro que la renuncia unilateral de esos derechos era una jugada muy audaz, pues como Panamá en ese momento no era dueña del canal, lo único que podía ofrecer Torrijos era su palabra de que el día en que el canal fuera panameño, él honraría ese compromiso.

Dada la amistad que existía entre su papá y Torrijos, no había por qué pensar en que nos iba a poner conejo…

Eso es fácil decirlo ahora. Pero frente a las realidades políticas del momento en que el gobierno tenía una oposición feroz de Misael Pastrana, el pacto de caballeros fue denunciado como la pérdida por acción del gobierno de unos derechos muy valiosos, y mi papá fue acusado por traición a la patria ante la Comisión de Acusaciones.

Torrijos cumplió y finalmente no pasó nada…

Pasó más en Estados Unidos que en Colombia. Haber entregado el canal de Panamá a ese país fue uno de los factores que contribuyó a que Carter perdiera la reelección. Así como aquí teníamos la oposición de Pastrana, Carter tenía la de los republicanos, y el problema era tan delicado que el tratado Carter-Torrijos fue aprobado por el Senado de los Estados Unidos por una mayoría de un solo voto. Algunos senadores que apoyaron a Carter también perdieron la reelección.

No se me ocurren dos presidentes con personalidades más distintas que la de su papá y Torrijos. ¿Por qué resultaron tan amigos?

Contrario a lo que muchos creen, Torrijos nunca fue presidente de Panamá. Era simplemente el jefe de la Guardia Nacional y el verdadero hombre fuerte mientras había periódicamente elecciones presidenciales. Mi papá, que era antimilitarista por temperamento, miraba con cierta fascinación cómo un hombre de extracción popular y sin formación académica estaba sacando a Panamá del colonialismo a punta de astucia y audacia. Pero ya que habla usted de diferencias, yo creo que precisamente por ellas fue que se entendieron tan bien. Mi papá admiraba la autenticidad de Torrijos y su falta de pretensiones.

¿Una especie de atracción fatal entre la malicia indígena y la cultura universal?

No creo que a mi papá le gustaría esa definición suya. Él podía ser un hombre culto, pero tenía también bastante malicia indígena. En todo caso, sí disfrutaba de la sabiduría popular del general y con los dichos con los cuales la expresaba. Refiriéndose a algunos de sus ministros decía: “Ellos quieren entrar a la historia, y yo lo único que quiero es entrar al canal”. Pero Torrijos también gozaba las diferencias con mi papá. Yo creo que él, quien tenía más conocimiento de cómo funcionaba su pueblo que de cómo funcionaba el mundo, reconocía que mi papá tenía una visión internacional que le servía por lo del canal.

Frente a los Estados Unidos, sobre todo, que son tan difíciles de manejar…

Más bien frente a Latinoamérica. Los Estados Unidos siempre aspiraban a circunscribir el problema a un asunto bilateral entre ellos y Panamá. Mi papá, que tenía buena amistad con otros presidentes del continente, habló con muchos de ellos, y en particular con Carlos Andrés Pérez de Venezuela y Daniel Oduber de Costa Rica para conformar un bloque latinoamericano que ejerciera presión en Washington. Eso se logró, pues, al internacionalizarse el problema; Panamá logró aliados de peso. Sobre eso hay una anécdota que yo no conocía que contaron dos de los invitados al conversatorio sobre López y Panamá que tuvo lugar en Bogotá la semana pasada: el expresidente Nicolás Ardito Barletta y el exvicepresidente Samuel Lewis.

¿En qué consistió?

En que cuando ya estaba bastante adelantado el tratado pero quedaban algunas trabas finales, Colombia convocó a una cumbre, que incluía además de Torrijos, al presidente de México, al de Venezuela, al de Costa Rica y al primer ministro de Jamaica. Con seis jefes de Estado presentes en el Palacio de San Carlos se decidió llamar al embajador de Panamá en Washington y pedirle que convocara a los dos negociadores norteamericanos, Ellsworth Bunker y Sol Linowitz, para que registraran ese apoyo colectivo. Eso se hizo, y los dos gringos se desplazaron a la embajada de Panamá en Estados Unidos. Y para sorpresa de ellos, quedaron en el teléfono frente a buena parte de los presidentes del continente. Este gesto improvisado posiblemente contribuyó a acelerar la firma del tratado.

¿Cuándo se llegó a ese acuerdo y cómo fue?

Es que hay dos acuerdos, el que firmaron Estados Unidos con Panamá (Torrijos-Carter), mediante el cual los Estados Unidos le devuelven a ese país el canal, y el que firmó Panamá con Colombia. En este último, el gobierno de Panamá le restableció a Colombia los derechos que le habían otorgado los Estados Unidos en 1921. Eso sucedió en 1980, cuando el presidente era Turbay; el canciller, Diego Uribe Vargas y el ponente en el congreso, Edmundo López Gómez. Se llamó el Tratado de Montería y se firmó después de que mi papá se había retirado de la presidencia.

La mayoría de colombianos ignoramos esta historia. ¿Usted conoce tanto detalle porque acompañó a su papá durante el proceso?

No. Yo vivía en Estados Unidos, pero lo seguía de cerca. Siempre me ha llamado la atención que la pérdida de Panamá es tal vez el evento más importante de Colombia en el siglo XX, pero es cierto que una altísima proporción de los colombianos ni siquiera sabe que Panamá formaba parte de nuestro país. La historia de Panamá y su independencia son temas apasionantes llenos de datos curiosos. ¿Por ejemplo, sabía usted que Rafael Núñez llegó por primera vez al Congreso de Colombia como representante del departamento de Panamá? Pero tal vez lo más sorprendente es que años después, cuando Roosevelt decidió incitar a la revuelta para poder hacer su canal, los líderes del movimiento independentista no habían nacido en Panamá, en tanto que los parlamentarios elegidos por Panamá, panameños de pura cepa, no estaban de acuerdo con la separación de Colombia.

¿Y quiénes fueron esos protagonistas?

Son nombres hoy desconocidos, pero eran personas muy importantes en 1903. El primer presidente de Panamá, Manuel Amador Guerrero, era cartagenero. El comandante de las tropas acantonadas en Panamá, Esteban Huertas, quien se sumó a la revuelta, era de Boyacá.

En cambio, los prohombres de Panamá en el momento, el senador Juan Bautista Pérez y Soto y el representante Óscar Terán, no estuvieron de acuerdo con la separación de Colombia. Este último, muchos años después, hacia 1930, publicó un libro muy bien documentado titulado Atraco o la mal llamada en Panamá separación de Colombia y en Estados Unidos, independencia de Panamá. Óscar Terán murió en 1936 siendo colombiano.

Otro caso interesante que llama la atención es el de Belisario Porras, quien comandaba las tropas liberales en el istmo durante la Guerra de los Mil Días. Como también se opuso a la separación, la Corte Suprema lo despojó de la nacionalidad panameña, que solo obtuvo en 1907. Aceptada la realidad de la independencia, llegó a ser presidente de Panamá en tres oportunidades.

En ese momento había una pugnacidad muy fuerte entre liberales y conservadores fruto de la Guerra de los Mil Días en Colombia. ¿Ese odio se trasladó también a Panamá?

Directamente no. Pero ese odio estaba tan vigente en el momento de la separación de Colombia que fue utilizado como símbolo cuando se inventaron la bandera panameña. Como evocación de esa pugnacidad, la nueva República decidió que su bandera fuera de tres colores: rojo y azul, como evocación del enfrentamiento entre los partidos tradicionales y blanco como símbolo de la armonía que encontrarían en esa nueva nación panameña.

MARÍA ISABEL RUEDA

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