Verdades impopulares

Periodista Colombiano Daniel Coronel

Periodista Colombiano Daniel Coronel

Los procesos de paz no son carreras de velocidad, son pruebas de resistencia. Desde 1980 hasta hoy han prosperado 11 procesos de paz en el mundo. Ninguno de ellos fue resuelto de manera relámpago y en ningún caso existía confianza en la buena fe de las contrapartes al comenzar la negociación.

El largo camino de construcción de los acuerdos partió siempre de la desconfianza recíproca entre los negociadores y el escepticismo de una buena parte de la sociedad.

Firmar el acuerdo de paz en Irlanda del Norte tomó 21 años, en El Salvador fueron 10, 11 en Guatemala, 14 en Angola, cinco en Sudáfrica y cuatro en Nepal.

En todos esos países había una parte de la población que quería buscar la paz de manera negociada y otra parte que pensaba que la única forma de lograrla era persistir –exclusivamente– en la salida militar. Esto no ocurría únicamente entre la población civil sino en sectores de las organizaciones irregulares que protagonizaban el conflicto.

Dicho de otra manera, en los procesos de paz surgen sectores guerreristas en uno y otro lado. Es lo normal. En ningún país ha sucedido de otra manera.

La negociación no significa legitimar a la contraparte.

La paz se hace con la gente con la que un grupo social no está de acuerdo, no respeta y ocasionalmente odia. Con los demás no hay necesidad de hacer la paz porque tampoco hay necesidad de ir a la guerra. Con ellos se puede solucionar los eventuales conflictos de manera pacífica.

El gobierno británico no avalaba la legitimidad de los sangrientos atentados del llamado Ejército Republicano Irlandés (IRA). Tampoco estaba el Reino Unido vencido militarmente al iniciar un proceso de paz con un grupo que había sido declarado –nacional e internacionalmente– como terrorista.

Lo que hace Gran Bretaña es abrir un canal de comunicación con esos terroristas para buscar el trámite pacífico de las diferencias. Pasaron varios años, varios gobiernos, además de varios ceses al fuego –algunos de ellos rotos– antes de que en abril de 1998 se firmara el acuerdo de paz de Viernes Santo.

Solo tres años después de la firma, en 2001, el IRA anunció que iniciaba su desarme y apenas en 2005 renunció públicamente a la lucha armada.

El cese al fuego es el primer paso en la construcción de una paz duradera.

Todos los procesos de paz que se han iniciado en medio de las hostilidades ganan credibilidad cuando derivan en periodos de tregua. Esos ceses al fuego son la prueba de que es posible vivir sin dispararse y de que las partes pueden honrar su palabra.

En Sierra Leona, Angola, Burundi y Guatemala, las treguas unilaterales y limitadas antecedieron a ceses al fuego y hostilidades bilaterales y definitivos.

Las partes tienen que aprender a lidiar con eventuales incumplimientos al cese al fuego impulsados por los miembros más radicales de cada lado. Por eso es necesario que exista un mecanismo imparcial de verificación.

Los procesos de paz suponen una dosis de impunidad.

La frase efectista “paz sin impunidad” siempre arrancará aplausos en la galería pero es absolutamente impracticable. El asunto no es si hay o no hay impunidad en un proceso de paz, sino cuánta es tolerable para la sociedad.

Las amnistías generales que existieron en una época han dado paso a fórmulas de justicia transicional y restaurativa. Es necesario que los crímenes cometidos durante el conflicto se reconozcan, se impartan condenas, se pida perdón a las víctimas y sean reparadas por sus victimarios.

Este es uno de los puntos de llegada de un proceso de paz, no un punto de partida.

Es inútil esperar que un victimario reconozca sus delitos antes de la terminación del proceso. Eso deslegitimaría su causa antes de culminar la negociación. Esa es una lección que le dejó al mundo el proceso sudafricano.

El arzobispo Desmond Tutu pronunció una frase contundente: “Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no puede haber perdón”.

El resultado de un proceso de paz –la mayoría de las veces– es incompleto e imperfecto pero siempre será mejor que la guerra.

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¿Qué cambiará en Colombia?

Maria Isabel Rueda

Maria Isabel Rueda

Ya había comenzado a cambiar todo desde que salimos de esa rosca mafiosa que se tenía tomado al fútbol colombiano y que jamás nos habría dejado avanzar, porque le apostaban a que el asunto era con sobornos de plata y no con fibra y calidad.

Nunca olvidaré como periodista el dolor de saber que la Selección Colombia había clasificado al mundial de 1990 en Italia porque Pablo Escobar había comprado el ‘agache’ de un equipo para que Colombia clasificara. Escuché con toda claridad la grabación en la que Maturana agradecía el regalo al “Doctor”. Hoy, gracias a Dios, James, Cuadrado, Ospina, Quintero, Jackson, Armero, hasta a mi Falqui –así no hubiera jugado–, y sobre todo el profesor Pékerman, nuestro fútbol pertenece a otras épocas. Particularmente nos caló el estilo del técnico hermético con el periodismo deportivo y cero showman en reportajes y entrevistas. De eso quizás provino en parte su gran autoridad. Hoy digo sin lágrimas en los ojos que ni en el triunfo ni en la derrota nos hicieron falta ni Leonel Álvarez ni el ‘Bolillo’ Gómez.

Pero la tara narcotraficante todavía la cargamos. No solo una, sino dos caricaturas que muestran a nuestros muchachos inhalando coca estuvieron circulando por la red. Ambas, provenientes de Europa, donde les debe parecer chistosísimo el cuento de que Colombia ganaba partidos porque sus jugadores se ‘encocaban’. Y aun cuando alguno de sus equipos puede todavía quedar de campeón, Europa, algo que me fascina, recibió sopa y seco de los equipos considerados más débiles y tercermundistas al comienzo de esta contienda mundialista. ¿No es una prueba de que el mundo está cambiando?

Pero como la pregunta es qué cambiará en Colombia con el espectáculo heroico de nuestra Selección, yo diría que mucho más.

El fútbol no puede considerarse un asunto banal. Un muchacho de 22 años y sus compañeros, cuya mayoría no pasa de 26, nos dieron razones para recuperar el orgullo de nuestra nacionalidad. Enfrentamos cara a cara a Brasil, el mejor equipo del mundo. En palabras del escritor y periodista argentino Martín Caparrós, Brasil venía a jugar con Colombia “con más miedo que vergüenza”. Pero, al contrario de lo que opina Caparrós, sobre que Colombia no se estaba jugando, como Brasil, su identidad en este Mundial, yo creo definitivamente que Colombia sí, y se la ganó. Jugábamos una revancha contra nuestra historia. La de parias latinoamericanos, la de narcotraficantes, la del único país latinoamericano con guerrilla, la de emigrantes, la de la pobreza, la de la corrupción. Gracias a la Selección Colombia, los niños de este país tienen un ejemplo, los jóvenes, un motor, y los adultos, una ilusión.

Muchos brasileños creían que la derrota de Brasil sería definitiva en la no reelección de su presidenta, Dilma Rousseff.
Creo que, salvo por las victorias de la Selección Colombia, no hay ninguna mejor inspiración para unir a este país tan polarizado alrededor de dos sentimientos: el honor y la gratitud. ¿Servirá eso para consolidar el proceso de paz? Colombia se enfrentó contra Brasil, James contra Neymar, y, aunque no ganamos, demostramos que el deporte limpio pudo contra las roscas mafiosas del narcotráfico que tanto atormentaron a este pobre país. La paz también puede contra la guerra, si queremos.

Profesor José Pékerman: un eterno agradecimiento por lo que nos enseñó a los colombianos. Dignidad.

Es un nuevo amanecer para Colombia.

Entre tanto… Creo que las estelas de violencia y destrucción en Bogotá que provocaron los triunfos de la Selección Colombia se deben a que Petro todavía no se ha desmovilizado verbalmente.

MARÍA ISABEL RUEDA

La piel de Zapa

daniel coronell

daniel coronell

Un asesinato está empezando a destapar la compleja red de corrupción que funciona en la Gobernación de Córdoba. Jairo Zapa, el director de regalías de la gobernación, quien manejaba más de 100 mil millones de pesos, desapareció a finales de marzo. Hace unas semanas un antiguo paramilitar llamado Joice Hernández confesó que lo había estrangulado, según él, porque la víctima tenía una relación con su novia. Todo indica que fue otro el motivo del homicidio.

El paramilitar reveló el lugar donde había enterrado a Zapa envuelto en un costal de lona. El cadáver estaba muy cerca de una finca del padre del gobernador de Córdoba Alejandro Lyons. Y digo una, porque coincidiendo con la gobernación de su hijo, una súbita racha de prosperidad le ha llegado al señor Lyons. Según los registros públicos, en mayo del año pasado compró cuatro fincas allí en Pueblo Nuevo, cerca de donde encontraron el cuerpo.

Más se demoraron en hallar los despojos mortales del doctor Zapa que el señor gobernador en salir a dar una explicación que nadie le estaba pidiendo: “Esto puede que haya sido una desafortunada coincidencia y no quisiera pensar que se trata de una manipulación perversa de alguien que intenta involucrar a mi familia en este lamentable episodio”.

Al margen de esa coincidencia, otras cosas raras han empezado a suceder desde la desaparición del director de regalías. Es como si alguien buscara desesperadamente alguna evidencia que hubiera dejado el difunto y que pudiera contribuir al esclarecimiento de su propia muerte.
Hace apenas dos semanas, cuatro hombres que se hicieron pasar por agentes del Gaula llegaron hasta la casa de los padres de Zapa. Los amarraron y amordazaron a ellos y a otras dos personas que los acompañaban y empezaron a esculcar cada rincón de la casa. Sólo se llevaron los celulares, nada más.
Días antes –cuando no habían encontrado el cadáver y no había certeza sobre los hechos- el contratista Jesús Henao, favorecido con jugosos negocios pagados con el dinero de las regalías, fue a visitar a la desconsolada esposa de Zapa y a sus cuatro pequeños hijos. A ella le dijo que quería entregarle 2 mil millones de pesos  “por si su esposo estaba muerto”. Le habló de múltiples “negocios” de contratación y mencionó en su conversación al Gobernador de Córdoba y a otros altos funcionarios. Preguntó por unos documentos y se despidió cuando la señora rechazó la generosa oferta.
Semanas después, el 8 de agosto, cuando ya el cuerpo estaba identificado, quien fue a la casa de la viuda fue el propio gobernador Alejandro Lyons. En su gentil visita de pésame, el señor gobernador manifestó su preocupación por la seguridad de la familia de Zapa. Sin embargo a la viuda le quedó la impresión de que el mandatario estaba más interesado en vigilarla que en cuidarla. Según ella, el gobernador insistió en la necesidad de instalar cámaras dentro de su casa “para protegerla”, ofrecimiento que ella declinó.
La viuda de Zapa se imagina que lo que están buscando los interesados es una especie de contabilidad que mostraría lo que los libros oficiales no dejan ver.
Para tranquilidad –o más bien para angustia- de sus incansables buscadores, los documentos sí existen.
Hay por ejemplo varios reveladores papeles, escritos en una letra que la viuda de Zapa reconoce como la de su difunto esposo, en los que se habla de negocios como “Agro Forestal”, “Turismo” y “Caña flecha” y se mencionan importantes sumas y porcentajes del negocio para “JH” y “JO”.
En otros, de color rosado, se mencionan una serie de obras con su costo asignado para “Pueblo Nuevo”.
Otros hablan del desembolso de regalías por el Banco Colpatria y menciona una serie de nombres al lado de unas cifras como “ $ 2.129’ ” “$ 11.000’ ”.
Algunas iniciales y nombres en los papeles coinciden con los del contratista Jesús Henao y los funcionarios Maximiliano García y Carlos Pérez, presos hoy como sospechosos del crimen.
La investigación ha ido avanzando notablemente, pero no ascendiendo. Hasta ahora la justicia no le ha preguntado al señor gobernador Lyons si tiene alguna información de lo que sucedió y de lo que sigue pasando.

Nueva York. ¿Por qué hablamos con Hillary Clinton? ¿Por qué esa obsesión con todo lo que hace y dice?

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Por una sencilla razón. Porque en el 2016 podría convertirse en la primera presidenta de Estados Unidos. Por eso.

Su libro, Hard Choices (publicado como Decisiones Dificiles en español) se convirtió inmediatamente en un bestseller, aunque no con las ventas que se anticipaban por un adelanto de 13 millones de dólares. Pero no todo se mide en dinero. El libro sugiere el mismo camino que han seguido otros exitosos candidatos presidenciales: primero lo publican y luego anuncian la candidatura.

“No sé todavía si me voy a lanzar” me dijo. En cambio, la sentí muy emocionada por convertirse pronto en abuela. Su hija Chelsea dará a luz este otoño. Chelsea “es lo mejor de nosotros dos”, comentó, refiriéndose a ella y al ex presidente Bill Clinton.

Mi entrevista no tuvo nada de exclusiva. Unos 40 periodistas la entrevistaron antes que yo, como parte de una maratónica gira para promover la venta del libro. Sin embargo, rápidamente cruzamos la frontera.

Estábamos en el norte –donde alguna vez estuvieron las torres gemelas- pero Hillary Clinton estaba pensando en el sur; en los niños centroamericanos, en las pandillas de Honduras, en los muertos por el narcotráfico en México y en el fin del embargo a Cuba.

¿Qué haría ella con los casi 60 mil niños centroamericanos que han llegado a Estados Unidos en los últimos 9 meses? “Bueno, algunos de ellos deben ser deportados”, me dijo. Pero ¿no significaría eso una sentencia de muerte para muchos de ellos? “No creo que se puede decir eso con absoluta seguridad.”

La ex Secretaria de Estado (2009-2013) propone dos categorías: una de “niños refugiados”, a quienes se les daría asilo y protección; y dos, de “niños migrantes”, a quienes se les deportaría pero luego de recibir un trato humanitario y generoso. Ella también está a favor de identificar a esos “niños refugiados” en Honduras, El Salvador y Guatemala antes de que viajen a Estados Unidos y corran el riesgo de coyotes, violaciones, secuestros, robos y hasta la muerte.

Clinton, contraria a muchos políticos norteamericanos, se atrevió a decir en un discurso en México que “el tráfico de drogas también es un problema de Estados Unidos.” ¿Por qué hay tanto asesinatos y violencia de los carteles de las drogas en México? “Por el mercado de las drogas en Estados Unidos”, afirmó, “y creo que es importante decir esto.”

Su esposo, Bill Clinton, nunca pudo ir a Cuba como presidente. Cuando intentó un acercamiento con Fidel Castro, le derribaron dos avionetas del grupo Hermanos al Rescate. Pero Hillary cree que ya es tiempo de un cambio.

El embargo contra Cuba “ha sido un fracaso”, me dijo, “y ha beneficiado a los Castro porque ellos culpan de todo al embargo.” El fin del embargo sería solo el primer paso. “Quisiera ver una normalización de las relaciones”, explicó, “y algún día me gustaría ir a Cuba. Algún día, sí.”

Esta mujer que se define como una “feminista”“como alguien que cree en plenos derechos e igualdad entre mujeres y hombres”– es la principal interrogante de la política de Estados Unidos y del resto del mundo.

Una mujer –Hillary- en la Casa Blanca cambiaría muchas cosas. Y luego que nadie se diga sorprendido: el adelanto nos los está dando desde ahora.

Por Jorge Ramos Avalos.

Perder la misma guerra dos veces – Jorge Ramos

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La única manera de mantener unidos a sunitas, chiítas y kurdos en Irak ha sido por la fuerza. Así lo hizo el imperio otomano, luego los británicos a principios del siglo XX y posteriormente Saddam Hussein, como dictador, de 1979 hasta la invasión norteamericana en el 2003. Bush, literalmente, no sabía en qué se estaba metiendo.

Bush se inventó la guerra en Irak.

Ante el temor de otro ataque terrorista, como el del 11 de septiembre del 2001, Bush se inventó la guerra en Irak. La excusa era que Saddam tenía armas de destrucción masiva y que podría utilizarlas contra Estados Unidos. Fueron mentiras. El entonces secretario de estado, Colin Powell, quemó toda su credibilidad en un famoso discurso en Naciones Unidas, antes del ataque a Irak en marzo del 2003. Vendió humo y espejitos. El resultado es la tragedia que estamos viviendo ahora.

Entré a Irak por la frontera con Kuwait durante los primeros días de la guerra. Lejos de ser recibidos como liberadores, me tocó ver las caras resentidas de los iraquíes frente a las tropas estadounidenses. El resultado de la guerra que se inventó Bush está claro: más de 126 mil civiles iraquíes murieron (IraqBodyCount.orgy casi 4,500 soldados norteamericanos.

Así Estados Unidos perdió la guerra por primera vez. Todas esas muertes fueron en vano y por una razón equivocada.

El letrero de “Misión Cumplida” que apareció detrás del discurso del entonces presidente Bush en mayo del 2003 en el portaviones USS Abraham Lincoln –y su teátrico e innecesario aterrizaje en un avión de combate- es una de las mayores ridiculeces hechas por un presidente norteamericano en medio de una guerra. La mayor parte de las bajas en la guerra de Irak ocurrieron después de ese discurso.

Barack Obama prometió y, luego, cumplió el retiro de las tropas norteamericanas de Irak en diciembre del 2011. En ese momento dijo dejar un Irak “soberano, estable y autosuficiente”. No fue así. El conflicto interno en Siria desestabilizó aún más la región y ahora insurgentes sunitas, con apoyo de combatientes sirios, han puesto al borde del colapso a la nación iraquí. Irak podría, perfectamente, dividirse en tres territorios independientes. Estas fuertes tendencias sectarias y religiosas –chiítas, sunitas y kurdas- son las que amenazan con desaparecer la ilusoria idea de un solo Irak.

Y ante un Irak que se autodestruye –y que sufre las presiones de Irán y Siria- el presidente Obama ha decidido sabiamente no meterse. Pero esta es la segunda vez que Estados Unidos pierde la misma guerra.

El ex vicepresidente Dick Cheney dijo a PBS que la invasión a Irak en el 2003 fue “la decisión correcta entonces y creo que todavía lo es”. ¿Qué más va a decir si esa fue su idea? Pero no es correcto que miles de norteamericanos y civiles iraquíes hayan muerto por armas de destrucción masiva que nunca existieron. No es correcto inventarse guerras preventivas. No es correcto mandar a otros a morir sin tener la certeza de una inminente amenaza.

Obama no se quiere volver a meter en Irak. Pero Cheney cree que el presidente está cometiendo un error garrafal. Cheney le dijo a un comentarista radial que “va a haber otro ataque” terrorista en Estados Unidos en la próxima década y que el ataque será “más mortífero” que el del 2001. Así, vendiendo el miedo, es como Estados Unidos se metió innecesariamente a la guerra en Irak hace 11 años. Cheney ya no gobierna pero todavía muchos piensan como él.

Estados Unidos nunca tuvo claro cuál era su objetivo al atacar a Irak. ¿Matar a Saddam? ¿Evitar un posible ataque terrorista? Por eso perdió la guerra dos veces: primero con la muerte injustificada de miles de sus soldados y ahora viendo como se desmorona el gobierno que dejó a cargo del país.

Los insurgentes sunitas de ISIS están hoy al frente de ciudades que tomó a Estados Unidos muchos años y muchos muertos controlar. Ejecutaron a Saddam, un sunita, pero otros sunitas están ahora en control de una tercera parte de Irak. Todo ha sido inútil.

No hay guerra buena.

¿Para qué necesita España un rey en pleno siglo XXI? Para nada.

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La democracia española está perfectamente consolidada, tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, y no requiere de un nuevo rey para garantizar su futuro. Los españoles pueden vivir sin rey.

La abdicación del rey Juan Carlos I de Borbón tomó a muchos por sorpresa. Pero había una creciente presión para un cambio. En un país con unos seis millones de parados –donde tener menos de 25 años es casi una condena de desempleo- no es fácil justificar los gastos de un rey que se va a cazar elefantes o los abusos y complicidades de su yerno, Iñaki Urdangarín, para enriquecerse.

Nadie cuestiona el papel fundamental del rey Juan Carlos en la transición hacia la democracia. Pero ya no. Su rol no es esencial.

Hoy la mayoría de los españoles quiere un cambio. Un 62 por ciento, según una encuesta del diario El País, desearía “en algún momento” un plebiscito para redefinir su forma de gobierno y escoger entre monarquía o república. Pero, para variar, los políticos tradicionales no están escuchando.

El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, cortó cualquier posibilidad de cambio en el actual sistema de gobierno. “El debate tiene un objetivo único”, dijo,“la abdicación, de eso se trata.” Y como su partido, el Popular, y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) controlan más del 80 por ciento de los puestos en el parlamento, el asunto de una verdadera y final transición hacia la democracia quedó archivado. Pero les volverá a brincar.

Tener reyes no es moderno, moral, deseable o aleccionador. Es un terrible prejuicio histórico. Nadie debería tener un puesto solo por ser hijo del rey. Esa no puede ser una regla universal. En una sociedad en que premiamos el talento, el esfuerzo, la creatividad y el valor, lo menos cool es ser príncipe o rey por tu día de nacimiento en una familia privilegiada.

La monarquía parlamentaria es la forma política del estado español. El rey reina, dicen, pero no gobierna. Es su peculiar manera de separar los poderes. Pero tiene una contradicción intrínseca; ¿manda la mayoría o manda uno? Monarquía parlamentaria es un término tan confuso y ambiguo como el “estado libre asociado”en Puerto Rico o el “Partido Revolucionario Institucional” en México.

Apoyar la monarquía va en contra del principio de igualdad que promueve la mayoría de las constituciones del mundo. “Todos los hombres fueron creados iguales”, dice la Declaración de Independencia de Estados Unidos en 1776. Los franceses establecieron lo mismo en su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos.” Y Naciones Unidas refrenda en 1948, casi con las mismas palabras, el concepto de que nadie nace superior a los otros.

Apoyar a un rey es ir en contra del avance de todos y refrenda los valores más retrógrados e injustos de una sociedad. España pudo en este 2014 definir su futuro buscando mayor igualdad. Pero, por ahora, prefirió ser un país de desiguales.

Este asunto, ciertamente, no es personal. Conocí al principe Felipe en 1998 en Honduras, tras el paso del destructivo huracán Mitch. Y se metió a las zonas más peligrosas y afectadas, compartiendo y ayudando a los más pobres de los pobres. Me impresionó su actitud; fue sencillo y directo, afectivo y efectivo.

Lo volví a ver hace unos meses, durante su visita a las instalaciones de las cadenas Univision y Fusion en Miami. Dudo que haya alguien mejor preparado que él –con inigualables cualidades militares, lingüísticas y diplomáticas- para ser rey. (Y hasta tiene sentido del humor; se tomó una selfie, sonriente, con una de nuestras periodistas.)

Pero en esta época nadie debe ser subdito de nadie. Insistir en reyes y reinas es el mensaje equivocado. En el siglo XIX hubo más de 250 monarquías en el mundo. El diario The Washington Post calculó que ahora solo quedan 26.

Sospecho que Felipe y su esposa Letizia, por su juventud, formación e inteligencia, también apoyarían un plebiscito si no formaran parte de la familia real. Pero lo democrático, lo verdaderamente moderno, es que si Felipe o cualquier otro español quiere ser jefe de estado, que se lance como candidato y se ponga a votación. No se vale apelar a tu acta de nacimiento.

La monarquía ya tuvo su lugar en la historia de España. Esta es la era de las repúblicas, de la democracia, de la igualdad y de los ciudadanos.

No más reyes.

Por Jorge Ramos Avalos.
(junio 16, 2014)

Es inaudito que, por quinta vez, las Farc nos impongan Presidente.- MARÍA ISABEL RUEDA

Maria Isabel Rueda

Maria Isabel Rueda

¿Nos habremos dado cuenta de que llevamos cinco elecciones presidenciales en línea en las que las Farc han sido factor determinante?

La primera, la de Andrés Pastrana, cuando a Víctor G. Ricardo y a Álvaro Leyva les sonó la flauta de hacerle una visita in situ a ‘Tirofijo’ en su campamento. Citaron a una rueda de prensa en la que ‘Tirofijo’ lucía un reloj suvenir de la campaña pastranista. Se disparó de inmediato el mensaje de que si Pastrana era elegido Presidente podría haber paz con las Farc. Y Pastrana ganó.

Cuatro años más tarde, las Farc nos hicieron votar por Uribe. Ante el fracaso del Caguán y el escándalo de los descubrimientos transmitidos por el entonces senador Germán Vargas, de que en el Caguán se escondían secuestrados, camionetas robadas, caletas, droga y se estaban robando las tierras, y de que la zona de distensión era un campo de entrenamiento, los colombianos comenzamos a escuchar la voz de Álvaro Uribe Vélez, que prometía dar esa pelea militar. Empezó muy bajito en las encuestas, pero borrosamente recuerdo que pegó un brinco del 10 al 40 por ciento, convirtiéndose en un candidato viable, después de una manifestación en Villavicencio en la que miles de personas salieron a protestar contra el secuestro y la guerrilla.

Así pasamos 4 años, dándoles duro a las Farc con un Ejército que desde el gobierno de Pastrana y con la ayuda de los gringos se había venido fortaleciendo. Y cuando llegó la hora de reelegir a Uribe, lo hicimos: la tarea de debilitar las estructuras militares guerrilleras iba bien, pero no había culminado. Nuevamente las Farc fueron el elemento definitivo para reelegir al Presidente, ante la sensación del país de que la guerrilla sí era derrotable militarmente.

Cuatro años después, las Farc nos volvieron a conducir a los colombianos a votar por Juan Manuel Santos, convencidos de que continuaría la tarea emprendida por Uribe. Pero sorpresivamente Santos, que había sido elegido para seguir aniquilando militarmente a las Farc, tomó otra ruta, aconsejada por la razón y el corazón: resolvió negociar con ellas. Eso jamás se lo perdonó el expresidente Uribe, para quien fue una traición y un retroceso en la dirección equivocada. Desde el primer día se dedicó a sabotearlo.

En las elecciones de hoy, vuelve y juega: las Farc serán decisivas. Si el ganador es Juan Manuel Santos, indicará que la mayoría de colombianos quiere seguir explorando el camino de la solución negociada. Es tan fuerte el optimismo que hasta muchos representantes de la izquierda que votarán por la reelección han anunciado que lo harán con guante de látex o con tapabocas, porque en lo demás este gobierno les ha parecido malísimo, pero el ideal de la paz es más fuerte.

Si gana Óscar Iván Zuluaga, también será gracias a las Farc. Porque la mayoría de colombianos habrá decidido rechazar una negociación que, para ellos, implicará el costo de una gran impunidad, que no están dispuestos a pagar.

Pensándolo bien, es inaudito que los últimos cinco presidentes de Colombia se hayan elegido por causa de las Farc. Estamos en un círculo vicioso. En el interregno, han fallecido por muerte natural o en acciones militares todos sus generales: ‘Jacobo Arenas’, ‘Manuel Marulanda’, ‘Raúl Reyes’, el ‘Mono Jojoy’, ‘Alfonso Cano’. Seguimos atrapados en la historia de hace 50 años, solo que hoy negociamos con coroneles y tenientes.

Mis votos son por que esta sea la última vez que las Farc definan las elecciones presidenciales en Colombia. A ver si en cuatro años el debate de la campaña puede ser alrededor de la educación, de la pobreza, del crecimiento, del empleo, del campo, de la industria, de la infraestructura, del agua, y no de la disyuntiva guerra-paz.

Entre tanto… ¿Y después de las elecciones, quién curará las heridas de un establecimiento totalmente dividido? Sea quien sea el ganador, debe ponerse desde el primer día en esa tarea.

MARÍA ISABEL RUEDA

Los rusos quieren más – Ética Periodista

rusos

Milán. Los rusos están por todos lados.

Dos delante y una familia de cuatro detrás de mí, en la fila para mostrar el pasaporte en el aeropuerto de Venecia. El único funcionario italiano que nos atiende habla ruso. Leer más de esta entrada

Dos ciudades imposibles – Ética Periodista

Cruise Middelhavet 2011 Venezia Venice

Venecia y Las Vegas son dos ciudades imposibles.

No deberían existir y, sin embargo, ahí están. Una amenaza con hundirse y no se hunde, y la otra sobrevive impune al viento, la arena y el calor en la mitad del desierto.  Leer más de esta entrada

La rebelion del pajarito

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Nicolás Maduro, el líder autoritario de Venezuela, está rodeado de pajaritos.

Un “pajarito chiquitico” le silbó una vez y él creyó que era el espíritu del fallecido Hugo Chávez. Aquí está el video en que habla de esa milagrosa aparición.

Pero, además, Maduro está rodeado de otros pajaritos, azules –los de Twitter- que le están haciendo la vida imposible. Leer más de esta entrada